Cómo era el altar de los holocaustos del tabernáculo
Éxodo 27:1-8 Leer esta escena aparte →El hebreo lo llama sencillamente מִזְבֵּחַ mizbéaj, «altar», palabra que viene del verbo zabáj, «sacrificar»: el lugar donde se sacrifica. Para distinguirlo del altar pequeño del interior, el texto lo llama «altar del holocausto» Éxodo 30:28 o «altar de bronce» Éxodo 38:30, por el metal que lo recubría.
Las instrucciones son precisas. Madera de acacia, cinco codos de largo por cinco de ancho —cuadrado— y tres de alto Éxodo 27:1. En las cuatro esquinas, cuernos hechos de una pieza con el altar, y todo recubierto de bronce Éxodo 27:2. A media altura, por dentro, una rejilla de bronce en forma de red Éxodo 27:4-5. A los lados, anillos y varas de acacia forradas de bronce para transportarlo Éxodo 27:6-7. Y un dato que cambia la imagen: el altar era hueco, de tablas Éxodo 27:8. No era un bloque macizo, sino un armazón que se podía cargar.
Su equipo era todo de bronce: calderos para la ceniza, paletas, tazones para recoger la sangre, garfios para la carne y braseros Éxodo 27:3. Lo fabricó Bezaleel, y el relato de la ejecución repite las medidas una a una Éxodo 38:1-7. Moisés lo colocó a la entrada de la tienda, en el patio Éxodo 40:29.
Obra de arte
El fuego perpetuo del altar de los holocaustos
Levítico 6:8-13 Leer esta escena aparte →El altar era el centro de trabajo del patio. En él se quemaba el holocausto, la víctima entera, y las partes de grasa de las demás ofrendas; y sobre él se derramaba o se untaba la sangre. En el holocausto, los sacerdotes rociaban la sangre alrededor del altar Levítico 1:5; en el sacrificio por el pecado de un jefe o de una persona del pueblo, la untaban en sus cuernos y derramaban el resto al pie Levítico 4:25Levítico 4:30.
Cada día se ofrecían dos corderos, uno por la mañana y otro al caer la tarde Éxodo 29:38-42. Y el fuego no debía apagarse nunca: el sacerdote lo alimentaba con leña cada mañana, retiraba la ceniza vestido de lino y la sacaba fuera del campamento a un lugar limpio. «El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará» Levítico 6:8-13.
El origen de ese fuego es parte del relato. En la inauguración del culto, cuando Aarón termina de ofrecer los primeros sacrificios, sale fuego de delante de Jehová y consume el holocausto y las grasas sobre el altar, y el pueblo grita y cae sobre su rostro Levítico 9:24. Justo a continuación, los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, ofrecen ante Jehová un «fuego extraño» que él no les había mandado, y mueren Levítico 10:1-2. Ver fuego extraño.
Obra de arte
Los incensarios de Coré y la cubierta del altar de bronce
Números 16:36-40 Leer esta escena aparte →Tras la rebelión de Coré, Datán y Abiram, doscientos cincuenta hombres que habían pretendido ofrecer incienso como sacerdotes mueren consumidos por el fuego. Sus incensarios de bronce quedan en medio del incendio, y Dios ordena a Eleazar que los recoja: aunque pertenecieron a rebeldes, se ofrecieron ante Jehová y han quedado santificados. Se baten en planchas y con ellas se cubre el altar, como señal para Israel de que ningún extraño que no sea de la descendencia de Aarón se acerque a ofrecer incienso Números 16:36-40.
El altar, además de su función, se convierte así en memoria: quien lo miraba veía el bronce de una rebelión contra el sacerdocio.
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El altar junto al Jordán que casi provoca una guerra
Josué 22:10-34 Leer esta escena aparte →Terminada la conquista, las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés vuelven a sus tierras al oriente del Jordán. Antes de cruzar levantan junto al río un altar grande, «de grande apariencia» Josué 22:10. El resto de Israel lo entiende como una rebelión y se reúne en Silo para ir a la guerra contra ellos Josué 22:11-12.
Una embajada encabezada por Finees va a pedir cuentas: ¿por qué se edifican un altar aparte del altar de Jehová? Josué 22:15-20. Las tribus del este responden que no es para sacrificios, sino una copia, un modelo del altar de Jehová, para que en el futuro nadie diga a sus hijos que no tienen parte en Jehová Josué 22:26-29. La explicación convence y la guerra se evita Josué 22:30-34.
Adonías y Joab se agarran a los cuernos del altar
1 Reyes 1:50-53 Leer esta escena aparte →Los cuernos del altar tenían un uso que no aparece en las instrucciones de construcción. La ley del Sinaí lo presupone: al que mate a otro con alevosía, «de mi altar lo quitarás para que muera» Éxodo 21:14. El altar podía proteger al que se refugiaba en él, pero no al asesino deliberado.
Dos escenas del comienzo del reinado de Salomón lo muestran. Adonías, que había intentado hacerse rey, huye al saber que Salomón ha sido ungido y se agarra a los cuernos del altar; solo los suelta cuando Salomón jura que no morirá si se porta bien 1 Reyes 1:50-53. Poco después, Joab, general de David y partidario de Adonías, huye al tabernáculo y se agarra también a los cuernos. Se niega a salir: «No, sino que aquí moriré». Salomón ordena matarlo allí mismo, recordando las muertes de Abner y Amasa que Joab había causado 1 Reyes 2:28-34: era precisamente el caso que la ley de Éxodo excluía del asilo.
1 Reyes no dice qué altar era. El de Bezaleel estaba entonces en Gabaón 1 Crónicas 21:29, y Joab huye al «tabernáculo de Jehová», que en Jerusalén era la tienda levantada por David para el arca 2 Samuel 6:17. Lo más probable es que se agarraran al altar de esa tienda.
Salomón en Gabaón: mil holocaustos en el altar de bronce
2 Crónicas 1:3-6 Leer esta escena aparte →Con el tabernáculo instalado en el lugar alto de Gabaón, el altar de bronce siguió allí mientras el arca estaba en Jerusalén 1 Crónicas 21:29. Allí sube Salomón al comienzo de su reinado: el cronista precisa que el altar de bronce que había hecho Bezaleel estaba delante del tabernáculo, y que Salomón ofreció sobre él mil holocaustos 2 Crónicas 1:3-6. Esa misma noche Dios se le aparece y le pregunta qué quiere; Salomón pide sabiduría 2 Crónicas 1:7-10.
El templo tendrá después su propio altar, mucho mayor. Crónicas le da veinte codos de lado y diez de alto 2 Crónicas 4:1, y aun así, en la dedicación, se queda pequeño para tantas víctimas, y Salomón santifica el centro del patio para ofrecer allí 1 Reyes 8:64.
El rey Acaz sustituye el altar de bronce por uno de Damasco
2 Reyes 16:10-16 Leer esta escena aparte →El episodio más extraño ocurre en el siglo VIII a. C., y ya no con el altar de Bezaleel, sino con el altar de bronce del templo de Salomón. El rey Acaz de Judá va a Damasco a presentarse ante Tiglat-pileser, rey de Asiria, del que se ha hecho vasallo. Allí ve un altar que le gusta y envía al sacerdote Urías su diseño y su modelo, para que construya uno igual en Jerusalén 2 Reyes 16:10-11.
A su regreso, Acaz ofrece sacrificios en el altar nuevo y aparta el antiguo altar de bronce, que estaba delante de la casa de Jehová, al lado norte. Ordena que todos los sacrificios se hagan en el altar grande, el nuevo; el de bronce queda reservado para que él «consulte» 2 Reyes 16:12-16. El texto no juzga explícitamente ese detalle, pero lo cuenta dentro de un reinado que presenta como infiel 2 Reyes 16:2-4.
El altar reconstruido tras el exilio y en el Nuevo Testamento
Esdras 3:1-6 Leer esta escena aparte →Cuando el templo de Salomón cae en el 587/586 a. C., los babilonios se llevan todo el bronce 2 Reyes 25:13-14. Al volver del exilio, los repatriados hacen algo significativo: antes de echar los cimientos del templo, levantan el altar sobre su antiguo lugar y reanudan los holocaustos de la mañana y de la tarde, «porque tenían miedo de los pueblos de las tierras» Esdras 3:2-6. El culto se reanuda antes que el edificio.
En el Nuevo Testamento, el altar del templo aparece en boca de Jesús. Enseña que si alguien, al presentar su ofrenda en el altar, recuerda que su hermano tiene algo contra él, deje allí la ofrenda y vaya primero a reconciliarse Mateo 5:23-24. Y critica a quienes decían que jurar por el altar no obligaba, pero sí por la ofrenda que está encima: es el altar el que santifica la ofrenda Mateo 23:18-20.