Antes de empezar: doce tribus y tres reyes
En la Biblia, «Israel» es primero el nombre de un hombre: Jacob, que lo recibió de Dios Génesis 32:28. Sus doce hijos son los antepasados de las doce tribus del pueblo Génesis 49:28. Después de la salida de Egipto, cada tribu recibió su territorio en Canaán Josué 14:1-2: Judá, la más grande, en el sur; Efraín y Manasés —la «casa de José»— en el centro; las demás, más al norte y al otro lado del Jordán. Los levitas, dedicados al culto, no recibieron tierra propia Josué 13:14.
Durante generaciones, las tribus no tuvieron rey. Se unían ante un peligro bajo jefes ocasionales, los jueces Jueces 2:16, y el libro de los Jueces lo resume así: «En estos días no había rey en Israel» Jueces 21:25. El primer rey fue Saúl, de la tribu de Benjamín 1 Samuel 10:20-24. Después vino David, de Judá: reinó siete años solo sobre Judá, en Hebrón, y luego las tribus del norte fueron a buscarlo para hacerlo rey también de ellas 2 Samuel 5:1-5. David conquistó Jerusalén, la hizo su capital 2 Samuel 5:6-9 y llevó allí el arca del pacto 2 Samuel 6:12-17.
Su hijo Salomón construyó en Jerusalén el templo 1 Reyes 6:1 1 Reyes 6:37-38 y reinó cuarenta años 1 Reyes 11:42, más o menos entre el 970 y el 931 a.C. El reino que heredaba su hijo era rico, pero su unidad era reciente y tenía costuras. Cuando Absalón, un hijo de David, se rebeló contra su padre y lo obligó a huir de Jerusalén 2 Samuel 15:10-14, la vieja rivalidad entre «Judá» e «Israel» estuvo a punto de romper el reino, y un benjamita llamado Seba llegó a gritar: «¡Cada uno a su tienda, Israel!» 2 Samuel 19:41-43 2 Samuel 20:1-2. Ese mismo grito se oirá en este relato.
Ahías rasga el manto y anuncia a Jeroboam las diez tribus
1 Reyes 11:1-43Salomón es recordado por su sabiduría y su riqueza 1 Reyes 4:29-31 1 Reyes 10:23, pero el capítulo 11 de 1 Reyes empieza con su vejez. El rey se había casado con muchas mujeres extranjeras —moabitas, amonitas, edomitas, sidonias y heteas—: setecientas esposas y trescientas concubinas 1 Reyes 11:1-3. Cuando envejeció, dice el texto, ellas le inclinaron el corazón hacia otros dioses: siguió a Astoret, la diosa de los sidonios, y a Milcom, el dios de los amonitas, y edificó en el monte que está frente a Jerusalén santuarios para Quemos, el dios de Moab, y para Moloc 1 Reyes 11:4-8.
Dios le anuncia a Salomón que le quitará el reino, pero no en sus días, sino en los de su hijo, y no entero: le dejará una tribu, por amor a David y a Jerusalén 1 Reyes 11:9-13. Ya entonces tenía enemigos en las fronteras, en Edom y en Damasco, y uno de ellos lo había sido «todos los días de Salomón» 1 Reyes 11:14 1 Reyes 11:23-25.
El que partirá el reino, sin embargo, está dentro. Entre los funcionarios de Salomón hay un joven efrateo —es decir, de la tribu de Efraín—, Jeroboam hijo de Nabat, de la aldea de Sereda, hijo de una viuda. Salomón lo ve trabajar en las obras de Jerusalén y lo pone al frente de los trabajos de «la casa de José», las tribus de Efraín y Manasés 1 Reyes 11:26-28.
Un día, saliendo de Jerusalén, Jeroboam se encuentra en el camino con Ahías, un profeta —un hombre que habla en nombre de Dios— de Silo, la ciudad de Efraín donde había estado el santuario de Israel antes de que existiera el templo Josué 18:1 1 Samuel 1:3. Ahías lleva un manto nuevo; se lo quita, lo rasga en doce pedazos y le dice que tome diez: Dios va a quitar el reino de la mano de Salomón y le dará a Jeroboam diez tribus. A la casa de David le quedará una tribu, «por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén» 1 Reyes 11:29-32. El motivo es el que ya anunció Dios: Salomón ha adorado a Astoret, a Quemos y a Milcom 1 Reyes 11:33. La promesa a Jeroboam es condicional: si anda en los caminos de Dios como David, tendrá una casa firme 1 Reyes 11:38.
Salomón intenta matar a Jeroboam, y Jeroboam huye a Egipto, a la corte del faraón Sisac, donde se queda hasta la muerte del rey 1 Reyes 11:40. El texto no explica por qué el faraón acoge al enemigo de su vecino. Salomón muere y lo sucede su hijo Roboam 1 Reyes 11:43, que tenía cuarenta y un años y era hijo de una amonita llamada Naama 1 Reyes 14:21.
En Siquem: «tu padre agravó nuestro yugo»
1 Reyes 12:1-5Roboam no es proclamado rey en Jerusalén, sino en Siquem, adonde «todo Israel» ha ido para hacerlo rey 1 Reyes 12:1. Que el nuevo rey tenga que ir a buscar el reconocimiento de las tribus del norte a su propio territorio dice mucho: su lealtad no se daba por hecha.
Jeroboam ha vuelto de Egipto, y con él toda la asamblea de Israel habla con Roboam: «Tu padre agravó nuestro yugo»; si el nuevo rey aligera la servidumbre dura y el yugo pesado, lo servirán 1 Reyes 12:2-4. No piden la independencia. Ponen condiciones para aceptar a un rey. Roboam pide tres días para responder 1 Reyes 12:5.
Roboam desoye a los ancianos: «mi dedo más pequeño»
1 Reyes 12:6-15Roboam consulta primero a los ancianos que habían servido a su padre. Su consejo es corto: «Si tú fueres hoy siervo de este pueblo» y les respondes con buenas palabras, ellos serán tus siervos para siempre 1 Reyes 12:6-7.
Roboam no lo sigue y consulta a los jóvenes que se habían criado con él. Ellos le proponen lo contrario, con una frase hecha para humillar: «El menor dedo de los míos es más grueso que los lomos de mi padre». Y la amenaza: «Mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones» 1 Reyes 12:8-11.
Al tercer día, Roboam responde al pueblo con las palabras de los jóvenes 1 Reyes 12:12-14. El narrador añade su lectura: «era designio de Jehová para confirmar la palabra» que había dicho por medio de Ahías 1 Reyes 12:15.
La rebelión de las diez tribus: «¡Israel, a tus tiendas!»
1 Reyes 12:16-20La respuesta del pueblo es un grito de ruptura que ya se había oído en tiempos de David: «¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David!». Y los israelitas se vuelven a sus casas 1 Reyes 12:16. Solo los israelitas que vivían en las ciudades de Judá siguen bajo Roboam 1 Reyes 12:17.
Roboam comete un último error: envía a Adoram, el encargado del tributo, es decir, el jefe de la leva de trabajo forzado. Todo Israel lo mata a pedradas. El rey sube a toda prisa a su carro y huye a Jerusalén 1 Reyes 12:18.
El narrador da el veredicto con la perspectiva de siglos: «Así se apartó Israel de la casa de David hasta hoy» 1 Reyes 12:19. Las tribus del norte llaman a Jeroboam a la asamblea y lo hacen rey de todo Israel; a la casa de David solo la sigue la tribu de Judá 1 Reyes 12:20.
Semaías impide la guerra de Roboam contra Israel
1 Reyes 12:21-24En Jerusalén, Roboam reúne a la casa de Judá y a la tribu de Benjamín, ciento ochenta mil guerreros, para recuperar el reino por la fuerza 1 Reyes 12:21. Entonces un profeta, Semaías, recibe una palabra para el rey y para todo el pueblo: «No vayáis, ni peleéis contra vuestros hermanos los hijos de Israel; volveos cada uno a su casa, porque esto lo he hecho yo». Y se vuelven 1 Reyes 12:22-24.
La guerra abierta no se produce, pero la paz tampoco: el texto resume el resto del reinado diciendo que «hubo guerra entre Roboam y Jeroboam todos los días» 1 Reyes 14:30.
Dos becerros de oro, en Bet-el y en Dan
1 Reyes 12:25-33Jeroboam fortifica Siquem y vive allí, y después reedifica Penuel, al otro lado del Jordán 1 Reyes 12:25. Pero su problema no es militar. Si el pueblo sigue subiendo a Jerusalén a ofrecer sacrificios en el templo, piensa, su corazón volverá a Roboam, y lo matarán 1 Reyes 12:26-27.
Su solución es religiosa. Hace dos becerros de oro y le dice al pueblo: «Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto». Pone uno en Bet-el, en el extremo sur de su reino, en el camino hacia Jerusalén, y otro en Dan, en el extremo norte 1 Reyes 12:28-29. El narrador lo juzga con una frase que repetirá durante todo el libro: «esto fue causa de pecado» 1 Reyes 12:30.
Completa el sistema con tres medidas más 1 Reyes 12:31-33. Construye santuarios en lugares altos, es decir, altares en colinas y alturas, como los que la ley del Deuteronomio quería sustituir por un único santuario Deuteronomio 12:13-14. Nombra sacerdotes que no eran de la tribu de Leví. Y crea una fiesta en el mes octavo, «el mes que él había inventado de su propio corazón», parecida a la de Judá: la fiesta de los Tabernáculos, que se celebraba en el mes séptimo Levítico 23:34 y con la que Salomón había dedicado el templo 1 Reyes 8:2.
Lo que vino después
Inmediatamente. En el quinto año de Roboam, el faraón Sisac —el mismo que había acogido a Jeroboam— sube contra Jerusalén y se lleva los tesoros del templo y del palacio 1 Reyes 14:25-26.
A largo plazo. Los dos reinos convivieron unos dos siglos, a veces en guerra y a veces aliados. Israel, el del norte, fue el más grande y el más rico, pero también el más inestable: cambió varias veces de dinastía y de capital —Siquem, Tirsa, Samaria—. Cayó ante Asiria en el 722 a.C., y el libro de Reyes resume su historia volviendo al principio: Jeroboam «hizo pecar a Israel con gran pecado», e Israel nunca se apartó de los pecados de Jeroboam 2 Reyes 17:21-23. Judá duró siglo y medio más, hasta que Babilonia destruyó Jerusalén en el 587/586 a.C. 2 Reyes 25:8-11.
Qué significa dentro de la Biblia
La división es el punto de quiebre del relato de los reyes. A partir de aquí, 1 y 2 Reyes cuentan dos historias entrelazadas, y casi todo rey del norte se mide por su relación con «el pecado de Jeroboam». Los profetas leen la ruptura como una herida que Dios mismo curará: Ezequiel toma dos palos, uno con el nombre de Judá y otro con el de José y Efraín, y los une en su mano, como anuncio de que habrá un solo reino y un solo rey Ezequiel 37:15-22. Oseas anuncia también que los hijos de Judá y de Israel se reunirán bajo un solo jefe Oseas 1:11.