También llamado Iyyob (hebreo), Iob (griego)Discutido: se ha propuesto «¿dónde está el padre?» y también una forma de la raíz que da «el atacado» o «el hostigado».
52Citas enlazadas
Job no es la historia de un hombre que aguanta callado: es la de uno que exige explicaciones. El libro abre con una pregunta que no es sobre el sufrimiento sino sobre la sinceridad —«¿acaso teme Job a Dios de balde?»— y la responde quitándole hijos, bienes y salud. Sus tres amigos defienden que quien sufre algo hizo; Job sostiene que es inocente y reclama un juicio. Dios responde sin explicar nada, con un interrogatorio sobre el mundo. Y el veredicto desconcierta: los que defendieron a Dios «no hablaron lo recto», y el que protestó es llamado «mi siervo Job».
Cronología
Su vida en 5 etapas. Toca una para ver sus hitos y de dónde sale cada dato.
Cómo leer las fechas y las procedencias
Intervalo del texto
Duración o distancia en el tiempo que da el propio texto, sin año.
Discutida
Hay propuestas enfrentadas entre especialistas.
Procedencia de cada hito:
Antiguo Testamento · Cartas.
Mundo patriarcal; la fecha del libro está discutida
Íntegro en la tierra de Uz
Discutida Mundo patriarcal; la fecha del libro está discutida
«Perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal». Job 1:1— antiguo testamento
Siete hijos, tres hijas y un ganado que lo hace «el más grande de todos los orientales». Job 1:2-3— antiguo testamento
Ofrece holocaustos por sus hijos «por si acaso» han pecado. Job 1:5— antiguo testamento
El libro no empieza con una genealogía ni con una nación, sino con un retrato moral:
en la tierra de Uz vive un hombre llamado Job, «perfecto y recto, temeroso de Dios y
apartado del mal» Job 1:1. Tiene siete hijos y tres hijas, y una
fortuna contada en cabezas de ganado —siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas
yuntas de bueyes, quinientas asnas— que lo convierte en «el más grande de todos los
orientales» Job 1:2-3.
El detalle que lo define no es la riqueza sino una costumbre: cuando sus hijos
celebran banquetes, Job se levanta de mañana y ofrece holocaustos por cada uno, «por
si acaso» hayan pecado en su corazón Job 1:5. No es un hombre religioso
por conveniencia: es escrupuloso incluso con pecados que nadie ha cometido todavía.
La escena cambia de plano sin aviso. Los «hijos de Dios» se presentan ante el Señor, y
entre ellos llega también el acusador, que dice venir de rodear la tierra
Job 1:6-7. Dios saca el tema: no hay otro como su siervo Job. Y el
acusador responde con la pregunta que pone en marcha todo el libro: «¿Acaso teme Job
a Dios de balde?»Job 1:9. Lo has protegido y enriquecido —viene a
decir—; quítale eso y verás.
Lo que está a prueba, entonces, no es la paciencia de Job. Es si la piedad humana
puede ser desinteresada.
Las desgracias llegan en cuatro mensajes encadenados, y el cuarto empieza antes de que
el tercero termine de hablar. Los sabeos se llevan bueyes y asnas; un fuego cae y
consume las ovejas; tres escuadrones de caldeos toman los camellos; y un viento del
desierto derriba la casa donde comían sus hijos Job 1:13-19. En una
tarde, Job pierde el patrimonio y los diez hijos.
Se rasga el manto, se rapa la cabeza, y adora: «Jehová dio, y Jehová quitó»
Job 1:21. El narrador cierra con una nota que conviene no saltarse: en
todo esto Job no pecó ni atribuyó a Dios despropósito alguno Job 1:22.
La escena celestial se repite, y el acusador sube la apuesta: «piel por piel», todo lo
que un hombre tiene lo dará por su vida Job 2:4. Esta vez el permiso
alcanza al cuerpo, con un límite: que le respete la vida Job 2:6.
Job queda cubierto de llagas de la planta del pie a la coronilla y termina sentado
entre las cenizas, rascándose con un pedazo de teja Job 2:7-8. Su mujer
—la única voz de su casa que queda en el relato— le dice lo que probablemente pensaba
cualquiera: «¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete»
Job 2:9.
Entonces llegan los tres amigos: Elifaz de Temán, Bildad de Súaj y Sofar de Naamá.
Vienen a consolarlo, y lo primero que hacen es lo mejor que hacen: no lo reconocen de
lejos, lloran, se sientan con él en tierra siete días y siete noches sin decir
palabra, «porque veían que su dolor era muy grande» Job 2:11-13.
Job rompe el silencio maldiciendo el día en que nació Job 3:1-3. No
maldice a Dios —lo que el acusador predijo— pero tampoco se resigna: pide no haber
existido.
A partir de ahí se abre un debate en tres rondas. Los amigos sostienen una idea
ordenada y, para su época, piadosa: Dios es justo, luego castiga al culpable y premia
al inocente; si Job sufre así, algo hizo. Elifaz lo insinúa con cortesía, Bildad lo
argumenta, Sofar lo dice sin rodeos. Job responde que es inocente, que la realidad no
funciona así —hay malvados que prosperan y mueren tranquilos— y hace algo que sus
amigos consideran insolente: no le pide a Dios consuelo, le pide un juicio. Quiere
comparecer, exponer su causa y que le digan de qué se lo acusa.
Entre los discursos aparece una de las frases más citadas del libro: «Yo sé que mi
Redentor vive» Job 19:25.
Job cierra su defensa con un juramento de inocencia larguísimo, en el que enumera todo
lo que no hizo y se somete a la maldición si mintió Job 31:35-37.
Después, los amigos callan.
Aquí aparece un cuarto personaje del que nunca se había hablado: Elihú, joven, airado
contra Job por justificarse a sí mismo y contra los tres amigos por condenarlo sin
poder responderle Job 32:2-3. Habla seis capítulos y añade un matiz: el
sufrimiento también puede enseñar, no solo castigar.
Nadie le contesta. Cuando Dios habla y reparte veredictos al final, Elihú no es
mencionado: ni aprobado ni reprendido Job 42:7. El libro lo deja sin
resolver, y eso se nota.
Job pidió comparecer ante Dios, y Dios comparece. Pero no viene a rendir cuentas:
responde desde un torbellino y con preguntas. «¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la
tierra?» Job 38:4. Siguen cuatro capítulos de interrogatorio sobre el
mar, la luz, la nieve, las constelaciones, la lluvia que cae donde no vive nadie, la
cabra montés que pare sin testigos, el avestruz que parece tonto, el caballo que no
teme a la batalla.
No hay una sola línea sobre la escena celestial del capítulo uno. Job nunca se
entera de por qué le pasó lo que le pasó.
La reacción de Job no es una explicación aceptada, sino un cambio de posición: «De
oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven» Job 42:5.
Aquí está el giro más fuerte del libro, y suele pasarse por alto. Dios se dirige a
Elifaz y le dice que su ira está encendida contra él y sus dos compañeros, «porque
no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job»Job 42:7. Les
manda ofrecer holocaustos y —el detalle que remata— pedirle a Job que interceda por
ellos Job 42:8.
Los que defendieron a Dios son reprendidos. El que lo acusó de injusticia es llamado
«mi siervo» y queda como intercesor de los otros.
Después llega la restitución: Dios le devuelve el doble de todo, y vuelve a tener
siete hijos y tres hijas Job 42:10-13. Las hijas reciben nombre propio
—Jemima, Cesia y Keren-hapuc— y algo más raro todavía: herencia entre sus hermanos
Job 42:14-15. Job vive ciento cuarenta años más y muere «viejo y lleno
de días» Job 42:16-17.
Personas en su vida
12 personas, agrupadas según el momento en que se cruzan con él; 2 tienen
ficha propia. Cada una dice qué clase de relación muestra el texto.
El libro no discute que Dios sea justo, sino que de la desgracia se deduzca la culpa.
Fuentes
De dónde sale lo que cuenta esta ficha. Cada afirmación del relato lleva su versículo; aquí se reúnen además las fuentes de fuera de la Biblia y los estudios que se nombran en las cajas, con un enlace al lugar donde se usan.
En la Biblia
Los pasajes principales. Todo enlace bíblico abre la Reina-Valera 1960 en Bible.com.