Instrucción, no solo código
La palabra que las Biblias en español traducen «ley» es, en hebreo, torá, y su primer sentido es «enseñanza». El padre y la madre también dan torá a sus hijos Proverbios 1:8. Por eso la ley de Israel mezcla cosas que un código moderno separaría: mandamientos sobre el culto y los sacrificios, normas civiles y penales, reglas de pureza, protección de los débiles y relatos. Se da dentro de una historia: antes del primer mandamiento, Dios se presenta como el que sacó a Israel de Egipto Éxodo 20:2. La obediencia es respuesta a una liberación, no condición para conseguirla.
La ley de la alianza
En el Sinaí, los Diez Mandamientos abren el conjunto Éxodo 20:1-17. Moisés lee después el «libro del pacto» y el pueblo responde: «Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos» Éxodo 24:3-8. La ley es la parte del pueblo en la alianza. El Deuteronomio la presenta como la sabiduría de Israel ante las naciones, que dirán al verla: «ciertamente pueblo sabio y entendido» Deuteronomio 4:5-8, y la resume en el Shemá: amar a Jehová con todo el corazón, llevar sus palabras en el corazón, enseñarlas a los hijos, escribirlas en los postes de la casa Deuteronomio 6:4-9.
Meditar en la ley
Para el Antiguo Testamento la ley no es una carga sino un camino de vida. Josué recibe la orden de meditar en ella de día y de noche Josué 1:7-8; el Salmo 1 llama dichoso al que tiene en ella su delicia Salmos 1:1-2; el Salmo 119 la llama «lámpara» para los pies Salmos 119:97-105. Los profetas denuncian que Israel la quebrantó, y Jeremías anuncia un nuevo pacto en que Dios escribirá su ley en el corazón del pueblo Jeremías 31:31-34.
Tras el exilio, la ley se convierte en el centro de la identidad judía. Esdras la lee en público mientras los levitas explican su sentido Nehemías 8:1-8. De esa tarea de explicar nacen los escribas y, siglos después, las escuelas de fariseos, con su «tradición de los ancianos» para aplicarla a la vida diaria Marcos 7:1-13.
Jesús y la ley
Jesús declara que no vino a abolir la ley ni los profetas, sino a cumplirlos Mateo 5:17-20, y en el mismo sermón radicaliza varios mandamientos: no solo no matar, sino no airarse; no solo no adulterar, sino no codiciar. Preguntado por el mandamiento más grande, une dos textos de la Torá —amar a Dios (Deuteronomio 6:5) y al prójimo (Levítico 19:18)— y dice que de ellos depende toda la ley Mateo 22:36-40. Sus choques con los fariseos no son sobre si guardar la ley, sino sobre cómo: el sábado, la pureza, la tradición.
La ley en Pablo
La gran discusión llega cuando los gentiles empiezan a creer. Algunos creyentes fariseos exigen que se circunciden y guarden la ley de Moisés; el concilio de Jerusalén decide que no Hechos 15:5-11. Pablo sostiene que nadie es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo Gálatas 2:16, y compara la ley con el esclavo que llevaba al niño a la escuela, hasta que llegara la fe Gálatas 3:23-25. Pero no la desprecia: «la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno» Romanos 7:12.