Nabal desprecia a David en la esquila de Carmel
1 Samuel 25:1-13 Leer esta escena aparte →Samuel acaba de morir, y David, perseguido por Saúl, baja al desierto de Parán 1 Samuel 25:1; la traducción griega antigua dice aquí «desierto de Maón», que encaja mejor con lo que sigue. En Maón vive un hombre muy rico, con tres mil ovejas y mil cabras, que tiene su hacienda en Carmel. Se llama Nabal y es del linaje de Caleb. Su mujer se llama Abigail. El narrador los presenta en contraste: ella, de buen entendimiento y hermosa; él, duro y de malas obras 1 Samuel 25:2-3.
Es el tiempo de la esquila, y David envía diez jóvenes a saludar a Nabal. Le recuerdan que sus pastores estuvieron con los hombres de David y no sufrieron ningún daño, y le piden lo que tenga a mano para ellos 1 Samuel 25:4-8. Nabal responde con desprecio: «¿Quién es David, y quién es el hijo de Isaí? Muchos siervos hay hoy que huyen de sus señores». No piensa dar su pan, su agua ni su carne a gente que no sabe de dónde viene 1 Samuel 25:10-11. David manda a sus hombres ceñirse la espada y sube con cuatrocientos 1 Samuel 25:12-13.
Abigail sale al encuentro de David con provisiones
1 Samuel 25:14-22 Leer esta escena aparte →Uno de los criados va a avisar a Abigail. Le cuenta cómo Nabal ha insultado a los mensajeros de David, que habían sido buenos con ellos, y le advierte que el mal está decidido contra su amo y toda su casa; Nabal es un hombre tan perverso que nadie puede hablarle 1 Samuel 25:14-17.
Abigail no pierde tiempo. Toma doscientos panes, dos cueros de vino, cinco ovejas guisadas, cinco medidas de grano tostado, cien racimos de uvas pasas y doscientos panes de higos secos, lo carga en asnos y manda a los criados delante. A su marido no le dice nada 1 Samuel 25:18-19. Bajando en su asno por un recodo del monte, se encuentra con David y sus hombres, que vienen hacia ella. David acaba de jurar que antes del amanecer no dejará con vida a ningún varón de la casa de Nabal 1 Samuel 25:20-22.
El discurso de Abigail a David: «Jehová te hará casa estable»
1 Samuel 25:23-35 Leer esta escena aparte →Al ver a David, Abigail baja del asno, se postra en tierra a sus pies y toma la culpa sobre sí: «Señor mío, sobre mí sea el pecado». Le pide que no haga caso de Nabal, porque es lo que dice su nombre: Nabal se llama, y la insensatez está con él. Ella no vio a los jóvenes que David envió 1 Samuel 25:23-25.
Luego le habla del futuro. Dios lo ha librado de derramar sangre y de vengarse por su propia mano; le ruega que acepte el presente para sus hombres y que perdone a su sierva 1 Samuel 25:26-28. Y añade lo que Dios hará con él: le hará casa estable, porque pelea las batallas de Dios; si alguien lo persigue, su vida quedará ligada en el haz de los que viven delante de Dios, y la de sus enemigos será lanzada como de la palma de una honda 1 Samuel 25:28-29. Cuando Dios lo haya establecido como príncipe sobre Israel, no tendrá en el corazón el peso de haber derramado sangre sin causa. «Acuérdate de tu sierva» 1 Samuel 25:30-31.
David responde con una triple bendición: bendito Dios, que la envió; bendito su razonamiento, y bendita ella, que le ha impedido derramar sangre. Reconoce que, si no se hubiera dado prisa, no habría quedado vivo ni un varón de la casa de Nabal. Acepta el presente y la despide en paz 1 Samuel 25:32-35.
La muerte de Nabal y la boda de Abigail con David
1 Samuel 25:36-44 Leer esta escena aparte →Cuando Abigail vuelve, Nabal está celebrando en su casa un banquete como de rey, alegre y muy borracho, y ella no le cuenta nada hasta la mañana 1 Samuel 25:36. Cuando se le pasa el vino, le dice lo que ha ocurrido. Al oírlo, a Nabal «se le desmayó el corazón» y quedó como una piedra; diez días después, Dios lo hirió y murió 1 Samuel 25:37-38.
David, al saberlo, bendice a Dios por haber juzgado la afrenta y haber guardado a su siervo del mal, y envía a pedir a Abigail por esposa 1 Samuel 25:39-40. Ella se levanta, se inclina y responde que es una sierva dispuesta a lavar los pies de los siervos de su señor. Monta en un asno y, con cinco doncellas, va tras los mensajeros de David y se convierte en su mujer 1 Samuel 25:41-42. David también toma a Ahinoam de Jezreel; a Mical, su primera esposa, Saúl la había dado a otro hombre 1 Samuel 25:43-44.
Abigail con David en Gat, Siclag y Hebrón
1 Samuel 27:3; 30:1-18; 2 Samuel 2:2; 3:3 Leer esta escena aparte →Abigail comparte desde entonces la vida errante de David. Va con él cuando se refugia entre los filisteos, con el rey Aquis de Gat, y el texto sigue llamándola «la que fue mujer de Nabal el de Carmel» 1 Samuel 27:3. Mientras David está fuera, los amalecitas asaltan Siclag, la queman y se llevan a las mujeres y a los niños, entre ellas a Ahinoam y a Abigail 1 Samuel 30:1-5. David los persigue y las rescata a las dos 1 Samuel 30:18.
Tras la muerte de Saúl, Abigail sube con David a Hebrón 2 Samuel 2:2. Allí da a luz al segundo hijo de David, Quileab 2 Samuel 3:3, al que Crónicas llama Daniel 1 Crónicas 3:1. Ver Daniel, hijo de David. No se vuelve a hablar de ella ni de su hijo, que no aparece en las luchas por la sucesión.
Su papel dentro de la Biblia
Abigail es una de las pocas personas del Antiguo Testamento a las que el texto elogia por su inteligencia, y su discurso a David es uno de los más largos que la Biblia pone en boca de una mujer. Su papel es decisivo: evita que David, a punto de ser rey, empiece con una masacre de inocentes. Sus palabras, además, son de las primeras en anunciar en voz alta el futuro de David: casa estable y reinado sobre Israel, lo que más tarde Dios le prometerá por medio de Natán 2 Samuel 7:11-16.
Otros con el mismo nombre
Abigail, hermana de David, hija de Isaí según Crónicas 1 Crónicas 2:16-17 —«hija de Nahas» en Samuel 2 Samuel 17:25— y madre de Amasa, el general de Absalón. Ver Isaí.