Un límite, no una licencia
Para entender el talión hay que ver lo que había antes. En Génesis, Lamec, descendiente de Caín, presume ante sus mujeres: «que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe. Si siete veces será vengado Caín, Lamec en verdad setenta veces siete lo será» Génesis 4:23-24. Esa es la lógica de la venganza sin freno: a cada ofensa se responde con una mayor.
El talión corta esa espiral. La ley dice: si en una pelea alguien causa daño a una mujer embarazada, «pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente…» Éxodo 21:22-27. El castigo no puede ser mayor que el daño. Y tampoco depende del rango de la víctima: «Un mismo estatuto tendréis para el extranjero como para el natural» Levítico 24:17-22.
Lo aplicaba el juez
El talión no autorizaba a cada uno a vengarse por su cuenta. Era una norma para los jueces. Deuteronomio lo aplica al testigo falso: si se demuestra que alguien acusó en falso a su hermano, los jueces le harán «como él pensó hacer a su hermano», y «no le compadecerás; vida por vida, ojo por ojo, diente por diente» Deuteronomio 19:16-21. El que quería destruir a otro con una mentira recibe la pena que pretendía para él.
«Pero yo os digo»
Jesús cita el talión en el Sermón del monte y lo lleva en otra dirección: «No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra». A quien quiera quitarte la túnica, déjale también la capa; al que te obligue a cargar una milla, acompáñalo dos Mateo 5:38-42. No discute que el talión sea justo para un tribunal; enseña a sus discípulos a renunciar a cobrar lo que se les debe.
Pablo lo aplica igual: «No paguéis a nadie mal por mal… No os venguéis vosotros mismos… sino vence con el bien el mal» Romanos 12:17-21. Y cuando Pedro pregunta si debe perdonar hasta siete veces, Jesús responde: «No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete» Mateo 18:21-22, invirtiendo la cifra de la venganza de Lamec.