Ezequiel pasa su vida adulta a casi mil kilómetros de Jerusalén en línea recta, pero no habla de otra cosa. Es sacerdote, formado para servir en el templo, y le toca vivir el destierro antes que la mayoría: sale de Judá con la primera gran deportación, la de 597 a.C., junto al rey Joaquín, su corte, los soldados y los artesanos 2 Reyes 24:14-15. Desde entonces, él y los demás deportados viven en Babilonia sabiendo que en Jerusalén sigue habiendo rey, templo y gente que cree que lo peor ya ha pasado.
El libro que lleva su nombre es el más ordenado de los proféticos. Está escrito casi entero en primera persona y trae fechas precisas, contadas desde el año de la deportación del rey Joaquín. Gracias a ellas se puede seguir la vida del profeta casi mes a mes, y ver cómo su mensaje cambia de golpe el día en que llega la noticia de la caída de Jerusalén.
La visión de Ezequiel: los seres vivientes y las ruedas
Ezequiel 1:1—3:15 Leer esta escena aparte →En el quinto año de la deportación del rey Joaquín, en 593 a.C., Ezequiel está entre los cautivos junto al río Quebar cuando «los cielos se abrieron» Ezequiel 1:1-3. Ve venir del norte una tormenta con una gran nube y fuego, y en medio cuatro seres vivientes con alas y cuatro rostros cada uno Ezequiel 1:4-10. Junto a ellos giran unas ruedas llenas de ojos que se mueven en cualquier dirección sin volverse Ezequiel 1:15-21. Encima, sobre una bóveda, hay un trono, y sobre el trono una figura con apariencia humana rodeada de un resplandor como el arco iris. Ezequiel no dice que vio a Dios: dice que aquello era «la apariencia de la semejanza de la gloria de Jehová», y cae rostro en tierra Ezequiel 1:26-28.
La voz lo levanta y lo llama «hijo de hombre», como lo llamará en todo el libro. Lo envía a una casa rebelde; lo escuchen o no, sabrán que hubo un profeta entre ellos Ezequiel 2:1-5. Le tienden un rollo escrito por delante y por detrás con lamentaciones y ayes, y se le ordena comérselo. En la boca le sabe dulce como la miel Ezequiel 2:9—3:3. El espíritu lo lleva luego a Tel-abib, donde vivían los desterrados, y se queda allí siete días, atónito, sentado entre ellos Ezequiel 3:14-15. Dios le explica su función: es atalaya de Israel, y si no advierte al malvado, se le pedirá cuenta de su sangre Ezequiel 3:17-19.
Ezequiel acostado 390 días: las señales del asedio de Jerusalén
Ezequiel 3:22—5:17 Leer esta escena aparte →El primer encargo de Ezequiel no es hablar sino callar. Queda atado en su casa y con la lengua pegada al paladar, sin poder reprender al pueblo; solo abrirá la boca cuando Dios le dé una palabra que transmitir Ezequiel 3:24-27. Lo que hace, en cambio, se ve.
Toma un ladrillo, dibuja en él Jerusalén y le pone sitio en miniatura, con torres, terraplén, campamentos y arietes; entre él y la ciudad coloca una plancha de hierro como un muro Ezequiel 4:1-3. Después se acuesta sobre el lado izquierdo trescientos noventa días, por los años de la maldad de Israel, y cuarenta sobre el derecho, por los de Judá: cada día vale por un año Ezequiel 4:4-6. Mientras tanto come una ración medida de pan de varios granos, como en una ciudad sitiada. Se le ordena cocerlo sobre excremento humano; él protesta que nunca ha comido nada impuro, y Dios le concede usar estiércol de vaca Ezequiel 4:9-15.
Luego se afeita la cabeza y la barba con una espada y divide el pelo en tres partes: una la quema, otra la corta a espada alrededor de la ciudad dibujada y otra la esparce al viento. Así morirá la población de Jerusalén: por hambre y peste, a espada o dispersa Ezequiel 5:1-2 Ezequiel 5:12. Más adelante, prepara a la vista de todos el equipaje de un deportado, abre un boquete en la pared de su casa y sale por él al anochecer con la cara cubierta: lo mismo hará el príncipe de Jerusalén Ezequiel 12:3-7 Ezequiel 12:12.
La gloria de Dios abandona el templo: la visión de Ezequiel
Ezequiel 8:1—11:25 Leer esta escena aparte →Un año después, en 592 a.C., los ancianos de Judá están sentados en casa de Ezequiel cuando la mano de Dios cae sobre él. Una figura lo toma por un mechón de pelo y el espíritu lo lleva «en visiones de Dios» a Jerusalén, a la puerta del atrio interior del templo Ezequiel 8:1-3.
Lo que ve es un recorrido por lo que ocurre dentro. Una imagen que provoca los celos de Dios a la entrada Ezequiel 8:5. Setenta ancianos de Israel ofreciendo incienso ante figuras de reptiles y animales pintadas en la pared, y entre ellos Jaazanías, hijo de Safán Ezequiel 8:10-12. Mujeres que lloran a Tamuz en la puerta norte Ezequiel 8:14. Y veinticinco hombres de espaldas al templo, inclinados hacia el oriente, adorando al sol Ezequiel 8:16.
Entonces ve lo que para un sacerdote era impensable: la gloria de Dios se levanta del querubín, se detiene en el umbral de la casa, sale por la puerta oriental Ezequiel 10:4 Ezequiel 10:18-19 y se posa sobre el monte que está al oriente de la ciudad Ezequiel 11:23. Dios ha abandonado su templo antes de que lo destruyan los babilonios. La visión termina y Ezequiel cuenta a los desterrados todo lo que ha visto Ezequiel 11:24-25.
Ezequiel 18: el alma que pecare, esa morirá
Ezequiel 18:1-32 Leer esta escena aparte →Entre los desterrados circula un refrán: los padres comieron las uvas agrias y a los hijos se les destemplan los dientes Ezequiel 18:2. Es decir: estamos pagando lo que hicieron otros. Jeremías cita el mismo dicho en Jerusalén Jeremías 31:29-30.
Ezequiel lo rechaza de frente. Todas las almas son de Dios; el alma que pecare, esa morirá Ezequiel 18:4. Lo desarrolla con el caso de tres generaciones: un hombre justo, un hijo violento y un nieto que no sigue el camino de su padre. Cada uno responde por lo suyo: el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre el del hijo Ezequiel 18:5-20. Y nadie está condenado por su propio pasado: si el malvado se aparta de su maldad, vivirá Ezequiel 18:21-22. El capítulo termina con una invitación: Dios no quiere la muerte del que muere; convertíos, y viviréis Ezequiel 18:32.
Muere la mujer de Ezequiel y cae Jerusalén
Ezequiel 24:1—33:22 Leer esta escena aparte →El décimo día del décimo mes del año noveno, Dios manda a Ezequiel escribir la fecha: ese mismo día el rey de Babilonia ha puesto sitio a Jerusalén Ezequiel 24:1-2. Es la misma fecha que da 2 Reyes para el comienzo del asedio, hacia enero de 588 a.C. 2 Reyes 25:1.
A continuación recibe la palabra más dura del libro. Dios le va a quitar de golpe «la delicia de sus ojos», y no deberá hacer duelo, ni llorar, ni cubrirse el rostro. Ezequiel habla al pueblo por la mañana; por la tarde muere su mujer, y a la mañana siguiente hace lo que se le había mandado Ezequiel 24:15-18. Cuando le preguntan qué significa, explica que así les ocurrirá con el templo, «la delicia de vuestros ojos», y con los hijos que dejaron en Jerusalén: no podrán ni llorarlos. Es la segunda y última vez que el libro da su nombre: «Ezequiel, pues, os será por señal» Ezequiel 24:21-24.
Tres años después, en el año duodécimo, llega un fugitivo de Jerusalén con la noticia: «La ciudad ha sido conquistada». La tarde anterior, Dios le había abierto la boca, y desde entonces Ezequiel ya no está mudo Ezequiel 33:21-22.
Ezequiel y el valle de los huesos secos
Ezequiel 37:1-14 Leer esta escena aparte →Con la noticia de la caída, el tono del libro cambia. Los desterrados ya no se hacen ilusiones; ahora el problema es el contrario: «nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza» Ezequiel 37:11. A ese pueblo se dirige Ezequiel con promesas: Dios mismo buscará a sus ovejas y pondrá sobre ellas un solo pastor, «mi siervo David» Ezequiel 34:11-12 Ezequiel 34:23; les quitará el corazón de piedra y les dará un corazón de carne y un espíritu nuevo Ezequiel 36:26-27.
La imagen más recordada es la del valle de los huesos. El espíritu deja a Ezequiel en medio de un valle lleno de huesos muy secos, y Dios le pregunta si pueden vivir. «Tú lo sabes», responde Ezequiel 37:1-3. Se le manda profetizar sobre ellos, y los huesos se juntan, se cubren de tendones, de carne y de piel; pero no hay espíritu en ellos hasta que profetiza al viento, y entonces viven y se ponen en pie, un ejército enorme Ezequiel 37:7-10. La explicación va a continuación: esos huesos son la casa de Israel, y Dios abrirá sus sepulcros y los hará volver a su tierra Ezequiel 37:11-14.
Enseguida viene otra acción simbólica: dos varas, una con el nombre de Judá y otra con el de José, que se hacen una sola en su mano. Los dos reinos, separados desde la muerte de Salomón, volverán a ser un solo pueblo Ezequiel 37:15-22.
El templo de Ezequiel y el río que sale del santuario
Ezequiel 40:1—48:35 Leer esta escena aparte →En el año veinticinco del destierro, catorce años después de la caída de Jerusalén, Ezequiel es llevado de nuevo en visión a la tierra de Israel, a un monte muy alto, y un hombre con una caña de medir le enseña un templo Ezequiel 40:1-3. Los capítulos siguientes son casi un plano: medidas de puertas, atrios y cámaras, normas para los sacerdotes y un nuevo reparto de la tierra entre las tribus.
El centro de la visión es el regreso de lo que se había ido. La gloria de Dios vuelve por el camino del oriente, por donde había salido, y llena la casa Ezequiel 43:2-5. Del umbral del templo brota agua que corre hacia el oriente y crece hasta ser un río que no se puede cruzar; al llegar al mar Muerto, sus aguas quedan saneadas y se llenan de peces Ezequiel 47:1-9. Y el libro termina con el nuevo nombre de la ciudad: Yahvé-shamá, «Jehová allí» Ezequiel 48:35.
Una profecía corregida por el propio libro
El último oráculo fechado de Ezequiel, del año 571 a.C., es también uno de los más llamativos. Años antes había anunciado que Nabucodonosor destruiría Tiro y que la ciudad no sería reedificada nunca Ezequiel 26:7-14. Ahora reconoce que el rey de Babilonia y su ejército trabajaron duramente contra Tiro «y ni para él ni para su ejército hubo paga», y anuncia que Dios le dará Egipto como salario Ezequiel 29:17-20.
Cómo lo recuerda la Biblia
Fuera de su libro, ningún texto bíblico nombra a Ezequiel. Sus imágenes, en cambio, reaparecen con frecuencia. Jesús se presenta como el buen pastor que busca a sus ovejas y habla de un solo rebaño y un solo pastor, lenguaje muy cercano al de Ezequiel 34 Juan 10:11 Juan 10:16. Pablo usa su promesa de que Dios habitará con su pueblo 2 Corintios 6:16. Y el Apocalipsis está construido en buena parte con sus visiones: los cuatro seres vivientes alrededor del trono Apocalipsis 4:6-8, el librito que el vidente come y le sabe dulce como la miel Apocalipsis 10:9-10, Gog y Magog Apocalipsis 20:8 Ezequiel 38:2, la ciudad medida con una caña y el río de agua de vida Apocalipsis 21:15 Apocalipsis 22:1-2.