Dios elige a Aarón como portavoz de Moisés
Éxodo 4:14-31; 6:20-27 Leer esta escena aparte →La primera vez que se menciona a Aarón, es Dios quien lo nombra, y lo hace porque Moisés no quiere ir. Moisés ha objetado cinco veces frente a la zarza ardiente: no soy nadie, no sé tu nombre, no me van a creer, no sé hablar, envía a otro Éxodo 4:1 Éxodo 4:10 Éxodo 4:13. A la quinta, Dios se enoja — y en vez de insistir en que Moisés hable solo, le ofrece a su hermano: «¿No conozco yo a Aarón el levita, tu hermano? Yo sé que él habla bien… él hablará por ti al pueblo» Éxodo 4:14-16.
Dios le dice a Aarón que vaya al desierto a encontrar a Moisés Éxodo 4:27. Se encuentran en «el monte de Dios» — el Horeb — y Moisés le cuenta todo: las señales, la misión, las palabras Éxodo 4:28. Es Aarón quien lleva el mensaje. Reúne a los ancianos de Israel, habla todo lo que Dios le ha dicho a Moisés, y hace las señales delante del pueblo Éxodo 4:29-30. La respuesta es inmediata: «El pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel… se inclinaron y adoraron» Éxodo 4:31.
La genealogía de la familia se registra más adelante, casi como un paréntesis en medio del relato: Aarón es hijo de Amram y Jocabed, de la tribu de Leví; se casó con Elisabet (en hebreo, Elisheba), hija de Aminadab, de la tribu de Judá, y tuvo cuatro hijos: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar Éxodo 6:20 Éxodo 6:23.
Aarón ante el faraón: la vara que se vuelve serpiente
Éxodo 5:1—7:13 Leer esta escena aparte →La primera audiencia no lleva señales. Moisés y Aarón entran ante el faraón y transmiten el mensaje: «Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto» Éxodo 5:1. La respuesta es el desprecio: «¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel» Éxodo 5:2.
En vez de liberar, el faraón castiga: ese mismo día les quita la paja a los esclavos y les exige la misma cuota de ladrillos Éxodo 5:6-8. Los capataces hebreos los encuentran y los culpan de lo ocurrido Éxodo 5:20-21. El primer intento empeora las cosas.
Dios los manda de vuelta con una señal. Le dice a Moisés: «Cuando Faraón os responda diciendo: Mostrad milagro; dirás a Aarón: Toma tu vara, y échala delante de Faraón, para que se haga culebra» Éxodo 7:9. Aarón la arroja y la vara se convierte en serpiente Éxodo 7:10.
Los magos de Egipto hacen lo mismo con sus encantamientos: cada uno echa su vara y se vuelven serpientes. Pero la de Aarón se traga a las de ellos Éxodo 7:11-12. El detalle importa porque es el primero de una serie: los magos pueden imitar las señales, pero no superarlas. El corazón del faraón se endurece y no los escucha Éxodo 7:13.
Aarón y su vara en las plagas de Egipto
Éxodo 7:14—11:10 Leer esta escena aparte →Diez plagas golpean a Egipto, y Aarón tiene un papel activo en las primeras. El patrón varía: en unas Aarón ejecuta la señal extendiendo su vara; en otras es Moisés; en otras, Dios actúa sin que ninguno de los dos haga nada.
Para la primera plaga — el agua vuelta sangre — Dios le dice a Moisés que se presente ante el faraón junto al río con la vara, y luego la orden es que Aarón extienda su mano con la vara sobre las aguas de Egipto Éxodo 7:19-20. Toda el agua se vuelve sangre. Los magos de Egipto hacen lo mismo con sus encantamientos Éxodo 7:22.
En la segunda plaga, ranas, Aarón extiende su mano y las ranas suben sobre la tierra de Egipto Éxodo 8:5-6. Los magos las replican Éxodo 8:7, pero no pueden quitarlas.
En la tercera — mosquitos o piojos (el término hebreo kinnim se debate) — Aarón golpea el polvo de la tierra con su vara Éxodo 8:16-17. Esta vez los magos intentan imitarlo y no pueden. Dicen: «Dedo de Dios es este» Éxodo 8:18-19. Es la primera vez que alguien fuera de Israel reconoce algo detrás de las señales.
A partir de la cuarta plaga — las moscas — el relato ya no menciona la vara de Aarón. Moisés pasa a ser el interlocutor principal ante el faraón, y las plagas siguientes llegan por orden directa de Dios o por la mano de Moisés Éxodo 9:22-23 Éxodo 10:12-13.
Aarón y Hur sostienen los brazos de Moisés contra Amalec
Éxodo 17:8-16; 19:24; 24:1-11 Leer esta escena aparte →Después de cruzar el mar y llegar al desierto, Israel es atacado por los amalecitas en Refidim. Moisés sube a la cumbre de un collado con la vara de Dios en la mano. Mientras sus brazos están levantados, vence Israel; cuando los baja de cansancio, vence Amalec Éxodo 17:11. Aarón y Hur le sostienen los brazos — uno de cada lado — hasta que se pone el sol y Josué derrota a Amalec Éxodo 17:12-13.
Meses después, ya al pie del Sinaí, Dios convoca a Moisés, pero también a Aarón y a sus dos hijos mayores, Nadab y Abiú, junto con setenta ancianos Éxodo 24:1. Suben al monte y el texto dice algo extraordinario: «Vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno. Mas no extendió su mano sobre los principales de los hijos de Israel; y vieron a Dios, y comieron y bebieron» Éxodo 24:9-11.
Es la única vez en toda la Torá que un grupo come y bebe en presencia visible de Dios. Y Aarón está ahí.
Cuando Moisés sube más arriba para recibir las tablas — cuarenta días dentro de la nube — deja a Aarón y a Hur a cargo del pueblo: «Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos» Éxodo 24:14.
Aarón y el becerro de oro
Éxodo 32:1-35 Leer esta escena aparte →Moisés lleva semanas arriba del monte y el pueblo se impacienta. Van a Aarón y le dicen: «Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido» Éxodo 32:1.
Lo que sigue es la crisis más grave del relato del desierto. Aarón les dice que le traigan los aretes de oro de sus mujeres e hijos Éxodo 32:2. Se los traen, y Aarón los funde con un buril y hace un becerro de fundición Éxodo 32:4. El pueblo dice: «Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto». Aarón construye un altar delante del becerro y proclama: «Mañana será fiesta solemne a Jehová» Éxodo 32:5.
Al día siguiente, desde arriba del monte, Dios le dice a Moisés lo que pasa abajo y anuncia que va a destruir al pueblo Éxodo 32:7-10. Moisés intercede — apela a la promesa a Abraham, Isaac y Jacob — y Dios cambia de idea Éxodo 32:11-14.
Moisés baja con las tablas de la Ley en las manos. Ve el becerro y el baile, y estrella las tablas al pie del monte Éxodo 32:19. Quema el becerro, lo muele, lo esparce en el agua y se lo hace beber a los hijos de Israel Éxodo 32:20.
Luego se vuelve a Aarón: «¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?» Éxodo 32:21. Y Aarón responde con una versión distinta de lo que pasó: dice que el pueblo se lo pidió, que él les dijo «¿quién tiene oro?», que se lo dieron, que él lo echó al fuego «y salió este becerro» Éxodo 32:22-24.
La consagración de Aarón y sus hijos como sacerdotes
Levítico 8:1—9:24 Leer esta escena aparte →Después de la crisis del becerro — y después de la construcción del tabernáculo con todos sus utensilios — llega el momento de inaugurar el sacerdocio. Dios le dice a Moisés: «Toma a Aarón y a sus hijos con él, y las vestiduras, el aceite de la unción, el becerro de la expiación, los dos carneros y el canastillo de los panes sin levadura» Levítico 8:2.
El acto de consagración dura siete días Levítico 8:33-35. Moisés lava a Aarón, lo viste pieza por pieza, le pone las vestiduras sagradas, vierte aceite de la unción sobre su cabeza Levítico 8:6-12, sacrifica el becerro de la expiación, el carnero del holocausto y el carnero de la consagración, y aplica sangre del carnero en la oreja derecha, el pulgar derecho y el dedo gordo del pie derecho de Aarón y de sus hijos Levítico 8:22-24.
Al octavo día, Aarón ofrece por primera vez con sus propias manos: un becerro por su pecado, un carnero por su holocausto, y las ofrendas del pueblo Levítico 9:8-21. Cuando termina, alza las manos y bendice al pueblo Levítico 9:22. Moisés y Aarón entran juntos al tabernáculo; cuando salen, bendicen al pueblo, y entonces «la gloria de Jehová se apareció a todo el pueblo. Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros» Levítico 9:23-24.
El fuego del cielo no solo quema la ofrenda: la ratifica. El culto que Aarón inaugura es aceptado.
Nadab y Abiú: el fuego extraño y el silencio de Aarón
Levítico 10:1-7 Leer esta escena aparte →Lo siguiente que ocurre es lo peor que le pasará a Aarón como padre. El mismo día que el fuego del cielo consumió el holocausto, sus dos hijos mayores —Nadab y Abiú— toman sus incensarios, ponen fuego en ellos, echan incienso y ofrecen delante de Dios «fuego extraño, que él nunca les mandó» Levítico 10:1.
Y sale fuego de la presencia de Dios y los mata Levítico 10:2.
Moisés dice: «Esto es lo que habló Jehová, diciendo: En los que a mí se acercan me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado» Levítico 10:3.
Y el texto añade tres palabras que pesan más que todo el capítulo: «Y Aarón calló» Levítico 10:3.
Moisés prohíbe a Aarón y a sus hijos sobrevivientes, Eleazar e Itamar, hacer duelo público: no deben descubrirse la cabeza ni rasgar sus vestiduras, «para que no muráis» Levítico 10:6. Son sus primos, hijos de Uziel, quienes sacan los cuerpos del santuario Levítico 10:4-5.
Más adelante, ese mismo día, Moisés se enoja con Eleazar e Itamar porque no comieron la ofrenda por el pecado como estaba mandado. Aarón interviene: les dice que han pasado «cosas como estas», y pregunta si comer la ofrenda ese día habría agradado a Dios Levítico 10:19. Moisés oye la respuesta y le parece bien Levítico 10:20.
Miriam y Aarón hablan contra Moisés: la lepra de Miriam
Números 12:1-16 Leer esta escena aparte →Miriam y Aarón hablan contra Moisés. El motivo declarado es su esposa cusita Números 12:1. Pero la queja de fondo sale en la frase siguiente: «¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?» Números 12:2.
El texto intercala una nota que parece puesta ahí para que el lector mida la distancia entre la queja y la realidad: «Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra» Números 12:3.
Dios escucha, y los convoca a los tres a la puerta del tabernáculo Números 12:4. Desciende en la columna de nube, llama a Miriam y a Aarón solos, y les dice: «Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés?» Números 12:6-8.
La nube se aparta, y Miriam aparece leprosa, blanca como la nieve Números 12:10.
Aarón no recibe la lepra. Se vuelve a Moisés y suplica: «¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado» Números 12:11. Pide que Miriam no quede «como el que nace muerto» Números 12:12. Y Moisés clama a Dios: «Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora» Números 12:13.
Dios responde que Miriam sea excluida del campamento siete días, y luego será admitida de nuevo Números 12:14-15. Todo el pueblo espera hasta que ella vuelve.
La rebelión de Coré: Aarón entre los vivos y los muertos
Números 16:1—17:13 Leer esta escena aparte →La rebelión de Coré es el desafío más frontal que reciben Moisés y Aarón en todo el desierto. Coré, hijo de Izhar, de la tribu de Leví — primo de Aarón —, se une con Datán y Abiram, de la tribu de Rubén, y con doscientos cincuenta hombres «principales de la congregación, varones de renombre» Números 16:1-2.
Su argumento suena razonable: «¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y en medio de ellos está Jehová; ¿por qué, pues, os levantáis vosotros sobre la congregación de Jehová?» Números 16:3.
Moisés responde con una prueba: que todos tomen sus incensarios, pongan fuego e incienso y se presenten delante de Dios. Él decidirá quién es suyo Números 16:6-7.
Al día siguiente, Coré y los doscientos cincuenta se presentan con sus incensarios. La gloria de Dios aparece ante toda la congregación Números 16:19. Dios dice a Moisés y Aarón que se aparten de la congregación, «y los consumiré en un momento» Números 16:21. Moisés y Aarón caen sobre sus rostros y suplican: «Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué airarte contra toda la congregación?» Números 16:22.
La tierra se abre y se traga a Datán, Abiram y a Coré con sus familias y todo lo suyo Números 16:31-33. Sale fuego de Dios y consume a los doscientos cincuenta hombres que ofrecían el incienso Números 16:35.
Pero no termina ahí. Al día siguiente, toda la congregación murmura contra Moisés y Aarón y los acusa de matar al pueblo de Dios Números 16:41. La gloria de Dios aparece otra vez, y una plaga empieza a extenderse Números 16:45-46.
Y aquí viene el momento que define a Aarón como sacerdote. Moisés le grita: «Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos» Números 16:46. Aarón corre en medio del pueblo, y el texto lo pinta con una imagen que no se olvidará: «se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad» Números 16:48.
Catorce mil setecientas personas habían muerto antes de que Aarón llegara con el incensario Números 16:49.
Después de la plaga, Dios ordena una prueba definitiva. Cada jefe de tribu pondrá una vara con su nombre delante del arca, en el tabernáculo; la vara que florezca señalará al que Dios ha escogido Números 17:2-5. Aarón escribe su nombre en la vara de Leví.
Al día siguiente, Moisés entra al tabernáculo y la vara de Aarón «había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras» Números 17:8. En una noche, un palo seco produce brotes, flores y fruto maduro.
Dios manda guardar esa vara delante del arca «como señal para los hijos rebeldes» Números 17:10.
Meriba y la muerte de Aarón en el monte Hor
Números 20:1-29 Leer esta escena aparte →Han pasado casi cuarenta años. La generación del éxodo ha ido muriendo en el desierto, como Dios anunció tras el episodio de los espías Números 14:29-35. Miriam muere al comienzo del capítulo y es sepultada en Cades Números 20:1.
Y otra vez no hay agua. El pueblo se junta contra Moisés y contra Aarón con la queja de siempre: «¿Por qué hiciste venir la congregación de Jehová a este desierto, para que muramos aquí nosotros y nuestras bestias?» Números 20:4.
Moisés y Aarón van a la puerta del tabernáculo y caen sobre sus rostros. La gloria de Dios aparece Números 20:6. La instrucción es clara: «Toma la vara, y reúne la congregación, tú y Aarón tu hermano, y hablad a la peña a vista de ellos; y ella dará su agua» Números 20:8.
Moisés toma la vara «de delante de Jehová» Números 20:9. Reúne al pueblo delante de la peña y dice: «¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os sacaremos nosotros agua de esta peña?» Números 20:10. Alza la mano y golpea la roca dos veces. El agua sale en abundancia Números 20:11.
Pero la sentencia llega enseguida: «Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que yo les he dado» Números 20:12. Moisés y Aarón son sentenciados juntos, con la misma falta y la misma pena.
Poco después, llegando al monte Hor, junto a la frontera de Edom, Dios habla: «Aarón será reunido a su pueblo, pues no entrará en la tierra que yo di a los hijos de Israel, por cuanto fuisteis rebeldes a mi mandamiento en las aguas de Meriba» Números 20:24.
La escena de la muerte es breve y solemne. Dios ordena a Moisés que suba al monte Hor con Aarón y su hijo Eleazar. Allí, Moisés le quita a Aarón las vestiduras sacerdotales — las mismas que él mismo le puso en Levítico 8 — y se las viste a Eleazar Números 20:26-28.
«Y murió Aarón allí en la cumbre del monte» Números 20:28. Tenía ciento veintitrés años Números 33:38-39.
Moisés y Eleazar bajan del monte. Cuando el pueblo ve que Aarón ha muerto, «toda la casa de Israel hizo duelo por Aarón treinta días» Números 20:29.
Aarón en el resto de la Biblia: Salmos, Miqueas y Hebreos
Salmos; Miqueas 6:4; Lucas 1:5; Hebreos 5—9 Leer esta escena aparte →Aarón no desaparece con su muerte. Su nombre cruza la Escritura entera, y cada autor lo toma desde un ángulo distinto.
Los Salmos lo recuerdan como intercesor y como símbolo de unidad. «Moisés y Aarón entre sus sacerdotes» aparecen como los que invocaban a Dios y Dios les respondía Salmo 99:6. El aceite que corre por su barba hasta el borde de sus vestiduras se vuelve imagen de la armonía entre hermanos Salmo 133:2. Miqueas lo nombra junto a Moisés y Miriam como los tres que Dios envió delante de Israel: «Yo te hice subir de la tierra de Egipto… y envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María» Miqueas 6:4.
En el Nuevo Testamento, Aarón aparece en tres contextos. Primero, como antepasado: Elisabet, la madre de Juan el Bautista, es «de las hijas de Aarón» Lucas 1:5. El linaje sacerdotal sigue activo más de mil años después.
Segundo, como modelo del llamado legítimo. Hebreos dice que nadie se toma la honra del sacerdocio a sí mismo, «sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón» Hebreos 5:4. Lo que distingue a Aarón de Coré es que no se autoproclamó: fue designado.