Nacimiento de Esaú, el gemelo mayor de Rebeca
Génesis 25:19-28 Leer esta escena aparte →Rebeca, estéril durante años, concibe gemelos después de que Isaac ruega por ella. Los niños luchan dentro de su vientre, y cuando ella consulta a Jehová recibe un oráculo: dos naciones hay en tu seno, un pueblo será más fuerte que el otro, «y el mayor servirá al menor» Génesis 25:21-23. El primero sale rubio, todo velludo como una pelliza, y lo llaman Esaú; el segundo sale agarrado a su talón, y lo llaman Jacob. Isaac tiene sesenta años Génesis 25:24-26.
Los hermanos crecen distintos. Esaú es diestro en la caza, hombre del campo; Jacob, un hombre tranquilo que vive en tiendas. Isaac quiere a Esaú porque le gusta comer de lo que caza; Rebeca, a Jacob Génesis 25:27-28. Ver Isaac y Rebeca.
Esaú vende la primogenitura a Jacob por un guiso de lentejas
Génesis 25:29-34 Leer esta escena aparte →Un día Esaú vuelve del campo agotado y encuentra a Jacob cocinando un guiso. Le pide que le dé de comer «de ese guiso rojo», y el narrador añade: por eso lo llamaron Edom, que significa «rojo» Génesis 25:29-30. Jacob le pone una condición: véndeme primero tu primogenitura. Esaú responde que se está muriendo, ¿de qué le servirá? Jacob le pide que lo jure, y Esaú lo jura y se la vende Génesis 25:31-33.
Come pan y el guiso de lentejas, bebe, se levanta y se va. El narrador no juzga a Jacob por aprovecharse; juzga a Esaú con una frase: «Así menospreció Esaú la primogenitura» Génesis 25:34. Ver Jacob.
Las mujeres heteas de Esaú amargan a Isaac y a Rebeca
Génesis 26:34-35 Leer esta escena aparte →A los cuarenta años, Esaú se casa con dos mujeres de los heteos, Judit y Basemat, «y fueron amargura de espíritu para Isaac y para Rebeca» Génesis 26:34-35. El detalle tiene peso en la historia: Abraham había hecho jurar a su siervo que no tomaría para Isaac mujer de los cananeos, y la había buscado entre sus parientes de Mesopotamia Génesis 24:3-4. Rebeca usará después este disgusto para alejar a Jacob de la venganza de su hermano Génesis 27:46. Ver los heteos.
Esaú pierde la bendición de Isaac por el engaño de Jacob
Génesis 27:1-41 Leer esta escena aparte →Isaac, viejo y casi ciego, llama a Esaú y le pide que salga a cazar y le prepare un guiso, para bendecirlo antes de morir Génesis 27:1-4. Mientras Esaú está en el campo, Rebeca disfraza a Jacob con la ropa de su hermano y le cubre las manos y el cuello con piel de cabrito, y Jacob se lleva la bendición Génesis 27:5-29.
Esaú vuelve con la caza preparada. Cuando Isaac comprende lo ocurrido, se estremece, pero no retira lo dicho: «lo bendije, y será bendito». Esaú clama con una exclamación grande y muy amarga y le pide: «Bendíceme también a mí, padre mío» Génesis 27:30-34. Acusa a su hermano con un juego de palabras sobre su nombre: «Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces», la primogenitura y ahora la bendición Génesis 27:35-36. Insiste: «¿No tienes más que una sola bendición, padre mío?», y llora a gritos Génesis 27:38.
La palabra que recibe empieza de forma ambigua: el hebreo puede entenderse como una morada «en» la grosura de la tierra, como traduce la Reina-Valera, o «lejos» de ella, como leen muchas traducciones modernas. El resto es claro: vivirá de su espada y servirá a su hermano, pero llegará el día en que descargue su yugo Génesis 27:39-40. Esaú aborrece a Jacob y piensa: cuando llegue el luto por mi padre, mataré a mi hermano Génesis 27:41.
Esaú toma por mujer a una hija de Ismael
Génesis 28:6-9 Leer esta escena aparte →Esaú ve que su padre bendice a Jacob y lo envía a Padan-aram con la orden de no tomar mujer de las cananeas. Entiende que sus mujeres desagradan a Isaac, y va a Ismael, el hermano de su padre, y toma por mujer a Mahalat, hija de Ismael, además de las que ya tenía Génesis 28:6-9. Es un gesto pequeño que el narrador recoge sin comentario: el hijo rechazado intenta, tarde, hacer lo que agrada a su padre. Ver los ismaelitas.
Esaú sale con cuatrocientos hombres y abraza a Jacob
Génesis 32:3—33:16 Leer esta escena aparte →Veinte años después, Jacob vuelve de Harán. Envía mensajeros a Esaú, que vive en la tierra de Seir, en el campo de Edom, con un mensaje humilde: llama a Esaú «mi señor» y a sí mismo «tu siervo». Los mensajeros vuelven con una noticia que lo aterra: Esaú viene a su encuentro con cuatrocientos hombres Génesis 32:3-7. Jacob divide su campamento, ruega a Dios y envía delante de él rebaños enteros como regalo, para aplacar a su hermano Génesis 32:7-20.
Cuando Jacob se acerca inclinándose siete veces hasta el suelo, Esaú corre a su encuentro, lo abraza, se echa sobre su cuello y lo besa, y los dos lloran Génesis 33:3-4. Pregunta quiénes son las mujeres y los niños, y por qué tantos rebaños. Rechaza el regalo: «Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo». Jacob insiste —«he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios»— y Esaú acepta Génesis 33:5-11.
Esaú ofrece acompañarlo, o dejarle a algunos de sus hombres. Jacob lo rechaza con amabilidad y promete seguirlo despacio hasta Seir. Esaú vuelve ese mismo día a Seir; Jacob, en cambio, se va a Sucot Génesis 33:12-17. Ver Peniel.
Esaú y Jacob entierran a Isaac en Hebrón
Génesis 35:27-29 Leer esta escena aparte →Jacob llega a Mamre, junto a Hebrón, donde vive Isaac. El padre muere a los ciento ochenta años, «viejo y lleno de días», y lo sepultan sus hijos Esaú y Jacob Génesis 35:27-29. Es la última vez que los dos hermanos aparecen juntos. Ver Hebrón.
Esaú se instala en los montes de Seir y da origen a Edom
Génesis 36:1-43 Leer esta escena aparte →El Génesis dedica un capítulo entero a la familia de Esaú, «el cual es Edom». Toma a sus mujeres, sus hijos y todo lo que había ganado en Canaán y se va a otra tierra, lejos de Jacob, porque los bienes de los dos son demasiados para vivir juntos: «Y Esaú habitó en el monte de Seir» Génesis 36:1-8. Siguen sus descendientes, los jefes de su linaje y una lista de reyes que gobernaron en Edom «antes que reinase rey sobre los hijos de Israel» Génesis 36:9-43. Ver los edomitas.
Su papel dentro de la Biblia
Esaú es la otra mitad de la historia de Jacob. A través de él, el Génesis explica por qué Israel y Edom, pueblos hermanos, vivieron siglos de rivalidad: la primogenitura vendida, la bendición perdida, la amenaza de muerte y el reencuentro. La Biblia no lo convierte en un villano. Le da lágrimas, generosidad y una descendencia numerosa con reyes propios, y la ley de Israel lo recuerda como hermano: Israel no debía conquistar Seir, que Dios había dado a Esaú Deuteronomio 2:4-5, y «no aborrecerás al edomita, porque es tu hermano» Deuteronomio 23:7.
Cómo lo recuerdan después
La rivalidad entre los dos pueblos se agrava con el tiempo. Cuando Edom se alegra de la caída de Jerusalén y se suma al saqueo, el profeta Abdías lo acusa «por la injuria a tu hermano Jacob» Abdías 1:10-11. Malaquías abre su libro con una frase que hará historia: «Amé a Jacob, y a Esaú aborrecí» Malaquías 1:2-3. Ver Abdías y Malaquías.
En el Nuevo Testamento, Pablo cita esa frase junto con el oráculo de Rebeca para explicar que la elección de Dios no depende de las obras, porque fue anunciada antes de que los gemelos hicieran bien o mal Romanos 9:10-13. La carta a los Hebreos lo pone como advertencia: que nadie sea profano como Esaú, que por una comida vendió su primogenitura y después, aunque buscó la bendición con lágrimas, no halló oportunidad de cambiarla Hebreos 12:16-17. La misma carta recuerda que Isaac bendijo por la fe a Jacob y a Esaú Hebreos 11:20.