Un ser vivo, no una parte
La primera vez que la Biblia usa nefesh no habla de personas sino de animales: los peces y las aves son «seres vivientes», literalmente nefesh viva Génesis 1:20-21. Y cuando Dios forma al hombre del polvo y sopla en su nariz, el resultado es que el hombre «fue un ser viviente» Génesis 2:7. El texto no dice que Dios le pusiera un alma: dice que el hombre, entero, llegó a ser una nefesh.
Garganta, vida, deseo, persona
El sentido concreto de la palabra —garganta, cuello— se transparenta en muchos pasajes. El salmista que se ahoga dice: «las aguas han entrado hasta el alma» Salmos 69:1, es decir, hasta el cuello. Y como por la garganta entran el aire y la comida, nefesh es también el deseo, el hambre, la sed: «Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios» Salmos 42:1-2.
Nefesh es también la vida misma. La Ley dice que «la vida de la carne en la sangre está», y la palabra para «vida» es nefesh Levítico 17:11. Y es la persona: Hechos cuenta que el día de Pentecostés se añadieron «como tres mil personas», literalmente tres mil «almas» Hechos 2:41.
Por eso, cuando un salmo dice «Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre» Salmos 103:1-2, «alma mía» es una forma enfática de decir «yo».
«Con toda tu alma»
El Shemá manda amar a Dios «de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas» Deuteronomio 6:5. No enumera tres partes del ser humano, sino que acumula términos para decir «con todo lo que eres»: tu voluntad, tu vida, tu fuerza.
En el Nuevo Testamento
El griego psyché mantiene a menudo el sentido hebreo de «vida». Cuando Jesús dice que el que quiera salvar su vida la perderá, y pregunta qué dará el hombre «a cambio de su alma» Marcos 8:35-37, la palabra es la misma en las dos frases; las traducciones alternan «vida» y «alma».
Pero hay pasajes donde el alma y el cuerpo se distinguen: «no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar» Mateo 10:28. Y Pablo desea que los tesalonicenses sean guardados enteros, «espíritu, alma y cuerpo» 1 Tesalonicenses 5:23.