Ana, la esposa estéril de Elcana, y su rival Penina
1 Samuel 1:1-8 Leer esta escena aparte →Elcana, un hombre de Ramataim-zofim, en la serranía de Efraín, tiene dos mujeres: Ana y Penina. Penina tiene hijos; Ana no 1 Samuel 1:1-2. Cada año la familia sube a Silo para adorar y ofrecer sacrificios en el santuario, donde son sacerdotes los hijos de Elí 1 Samuel 1:3.
En la comida del sacrificio, Elcana reparte las porciones. A Ana le da una porción escogida, «porque amaba a Ana», aunque Dios no le había concedido hijos. Y su rival la irrita y la entristece, año tras año, hasta que Ana llora y no come 1 Samuel 1:4-7. Elcana intenta consolarla: «Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?» 1 Samuel 1:8. Ana no responde.
La oración de Ana en Silo y la bendición de Elí
1 Samuel 1:9-18 Leer esta escena aparte →Después de la comida, Ana se levanta. Elí está sentado en una silla junto a un pilar del santuario. Ella, con amargura de alma, ora y llora mucho, y hace un voto: si Dios mira la aflicción de su sierva y le da un hijo varón, ella lo dedicará a Dios todos los días de su vida, «y no pasará navaja sobre su cabeza» 1 Samuel 1:9-11.
Ana ora en su corazón: se le mueven los labios, pero no se oye su voz. Elí, que la observa, piensa que está ebria y la reprende 1 Samuel 1:12-14. Ella le contesta: «No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová» 1 Samuel 1:15-16. Elí la despide en paz y le desea que Dios le conceda lo que ha pedido. Ana se va, come, y su rostro ya no está triste 1 Samuel 1:17-18.
Ana entrega al niño Samuel en el santuario de Silo
1 Samuel 1:19-28 Leer esta escena aparte →De vuelta en Ramá, Dios se acuerda de Ana. Concibe, da a luz un hijo y lo llama Samuel, «por cuanto lo pedí a Jehová» 1 Samuel 1:19-20. Esa vez no sube con su marido a Silo: le dice que se quedará en casa hasta que el niño sea destetado y que entonces lo llevará para que se quede allí para siempre. Elcana lo acepta 1 Samuel 1:21-23.
Cuando lo desteta, lo sube a Silo con tres becerros, un efa de harina y una vasija de vino. Tras sacrificar un becerro, Ana presenta el niño a Elí y le recuerda quién es: «Yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová» 1 Samuel 1:24-28.
El cántico de Ana: «Mi corazón se regocija en Jehová»
1 Samuel 2:1-11 Leer esta escena aparte →Ana ora con un cántico. Empieza con su propia alegría —su corazón se regocija en Dios, su boca se ensancha sobre sus enemigos— y enseguida la convierte en alabanza a un Dios que no tiene igual 1 Samuel 2:1-2. Luego describe cómo actúa: los arcos de los fuertes se quiebran y los débiles se ciñen de poder; los saciados se alquilan por pan y los hambrientos dejan de tener hambre; la estéril da a luz siete, y la que tenía muchos hijos languidece 1 Samuel 2:4-5. Dios mata y da vida, empobrece y enriquece, levanta del polvo al pobre para sentarlo con príncipes 1 Samuel 2:6-8.
La última línea mira hacia algo que todavía no existe: Dios juzgará los confines de la tierra, «dará poder a su Rey, y exaltará el poderío de su Ungido» 1 Samuel 2:10. Israel no tiene rey; será el niño que Ana acaba de dejar en Silo quien unja a los dos primeros. Es también la primera vez que la Biblia llama «ungido» —en hebreo mashíaj, de donde viene «Mesías»— a un rey; hasta entonces, la palabra se había usado para el sacerdote Levítico 4:3. Elcana vuelve a Ramá, y Samuel se queda sirviendo a Dios junto a Elí 1 Samuel 2:11.
La túnica pequeña de Samuel y los otros hijos de Ana
1 Samuel 2:18-21 Leer esta escena aparte →Samuel sirve en el santuario vestido con un efod de lino. Cada año, cuando Ana sube con su marido al sacrificio, le lleva una túnica pequeña que ella misma le ha hecho 1 Samuel 2:18-19. Elí bendice a Elcana y a su mujer y le desea descendencia de Ana a cambio del hijo que ella ha dado a Dios 1 Samuel 2:20.
Dios visita a Ana, que concibe y da a luz tres hijos y dos hijas, mientras el niño Samuel crece delante de Dios 1 Samuel 2:21. Es la última vez que el texto la menciona.
Su papel dentro de la Biblia
Ana aparece en solo dos capítulos, y su historia es la puerta de los libros de Samuel. Por ella empieza el relato que llevará de los jueces a la monarquía: el hijo que pide en Silo será el profeta que unja a Saúl y a David. Su cántico anuncia ese cambio antes de que nadie lo espere, y sus temas —Dios que exalta a los humildes, la estéril que da a luz— vuelven a sonar en el Nuevo Testamento en boca de María. Es, además, una de las oraciones más detalladas de la Biblia: dónde se hizo, cómo, qué se prometió y cómo se cumplió.
Otros con el mismo nombre
Ana la profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, una viuda muy anciana que no se apartaba del templo de Jerusalén. Cuando José y María presentan al niño Jesús, ella da gracias a Dios y habla de él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén Lucas 2:36-38. Ver la tribu de Aser.