Dan es la tribu que no encontró su sitio. Salió del desierto como una de las más numerosas de Israel, recibió tierras en la frontera más disputada, junto a los filisteos, y no pudo quedarse. Buena parte de ella emigró al extremo norte, conquistó una ciudad tranquila y fundó allí un santuario que acabaría siendo uno de los dos grandes centros de culto del reino de Israel. Su historia termina con la conquista asiria y, en el último libro de la Biblia, con un silencio.
El nombre de la tribu de Dan
Dān viene de la raíz hebrea dīn, «juzgar». Cuando nace el niño, Raquel dice que Dios la ha juzgado y ha escuchado su voz, y por eso lo llama Dan Génesis 30:6. Jacob vuelve sobre la misma palabra al bendecirlo: Dan juzgará a su pueblo como una de las tribus de Israel Génesis 49:16. El gentilicio es dānî, «danita».
Origen: Dan, hijo de Bilha
Dan no es hijo de Raquel sino de Bilha, su sierva. Raquel, que no tenía hijos, entrega a Bilha a Jacob para tener descendencia a través de ella, y considera al niño como suyo Génesis 30:3-6. Dan es, por tanto, hermano de sangre de Neftalí y, en sentido familiar, de José y Benjamín.
Las dos bendiciones que lo describen tienen tono guerrero. Jacob lo compara con una serpiente junto al camino, que muerde los talones del caballo y derriba al jinete Génesis 49:17. Moisés, con un cachorro de león que salta desde Basán Deuteronomio 33:22.
La tribu de Dan en el desierto
El Dan del desierto es una tribu grande. Tiene un solo clan, el de Súham (o Husim) Números 26:42, pero en el primer censo cuenta 62.700 hombres de guerra, la segunda cifra más alta tras Judá Números 1:38-39. Acampa al norte del tabernáculo, encabezando a Aser y Neftalí, y marcha en último lugar, como retaguardia de todo el campamento Números 2:25-31, Números 10:25.
Dos danitas aparecen en ese tiempo. Aholiab, artesano del tejido y el bordado, trabaja junto a Bezaleel en la construcción del tabernáculo Éxodo 31:6. Y el hijo de una mujer danita casada con un egipcio es el blasfemo cuyo castigo da lugar a una ley Levítico 24:10-11.
El territorio de Dan junto a los filisteos
En el reparto de Canaán, Dan recibe la última suerte: una franja entre Judá, Efraín y la llanura costera, con ciudades como Zora, Estaol y Ecrón Josué 19:40-46. Era tierra fértil, pero también la frontera con los pueblos más fuertes de la costa. Los amorreos no dejan bajar a los danitas al valle y los empujan a la montaña Jueces 1:34, y después serán los filisteos quienes dominen la zona.
El cántico de Débora deja una frase que muestra otra cara de la tribu: Dan no acude a la batalla porque se queda «junto a las naves» Jueces 5:17, lo que sugiere que algunos danitas vivían del mar o del trabajo en los puertos de la costa.
De esa frontera es Sansón. Su padre, Manoa, es de la familia de Dan y vive en Zora Jueces 13:2, y el espíritu empieza a moverlo en el campamento de Dan, entre Zora y Estaol Jueces 13:25. Sus hazañas contra los filisteos son las de un hombre solo; la tribu no aparece actuando con él.
La migración de Dan a Lais
Jueces lo dice sin rodeos: en aquellos días la tribu de Dan buscaba territorio donde vivir, porque no le había tocado heredad entre las tribus Jueces 18:1. Envía cinco exploradores, que por el camino pasan por la casa de un tal Micaía, en la montaña de Efraín, donde un joven levita sirve de sacerdote ante un ídolo Jueces 18:2-6. En el extremo norte encuentran Lais, una ciudad tranquila y confiada, lejos de sus aliados de Sidón Jueces 18:7.
Seiscientos danitas armados se ponen en marcha. De camino se llevan el ídolo de Micaía y a su levita, que acepta de buen grado ser sacerdote de una tribu y no de una casa Jueces 18:18-20. Caen sobre Lais, la queman, la reconstruyen y la llaman Dan, por el nombre de su antepasado. Allí instalan el ídolo y el sacerdocio Jueces 18:27-31.
Dan, el extremo norte de Israel
Desde entonces, Dan es la frontera norte del país. La expresión «desde Dan hasta Beerseba» sirve para decir «todo Israel» Jueces 20:1, 1 Samuel 3:20.
Cuando el reino se divide, Jeroboam convierte a Dan en uno de los dos santuarios oficiales del reino del norte, con un becerro de oro, para que el pueblo no subiera a Jerusalén 1 Reyes 12:28-30 (ver La división del reino). El santuario funcionó durante generaciones. Amós todavía denuncia a quienes juran por «tu dios, oh Dan» Amós 8:14.
El fin de la tribu de Dan
La posición de Dan en el extremo norte la hizo la primera en caer ante los invasores. Ben-adad de Damasco la toma en tiempos de Baasa 1 Reyes 15:20, y en el siglo VIII a.C. Tiglat-pileser III de Asiria conquista toda la alta Galilea y deporta a su población 2 Reyes 15:29. Jueces anota que el sacerdocio del santuario de Dan duró «hasta el día del cautiverio de la tierra» Jueces 18:30. Con esa deportación, la tribu desaparece de la historia.
Su ausencia se nota después. Las genealogías de 1 Crónicas, que repasan tribu por tribu, no dedican a Dan una lista propia. Ezequiel, en cambio, la incluye en su visión del reparto futuro de la tierra, y la nombra la primera Ezequiel 48:1-2.