Silas lleva a Antioquía la carta del concilio de Jerusalén
Hechos 15:22-35 Leer esta escena aparte →En Jerusalén, los apóstoles y los ancianos acaban de decidir que los creyentes no judíos no tienen que circuncidarse ni cargar con toda la ley de Moisés. Para comunicarlo, envían a Antioquía con Pablo y Bernabé a dos «varones principales entre los hermanos»: Judas, llamado Barsabás, y Silas, con una carta Hechos 15:22-23. La carta los presenta como testigos de palabra: ellos os harán saber lo mismo Hechos 15:27. Ver Bernabé y Antioquía.
En Antioquía la lectura de la carta produce alegría. Judas y Silas, que también eran profetas, consuelan y confirman a los hermanos con abundancia de palabras Hechos 15:30-32. Pasado un tiempo, los despiden en paz Hechos 15:33, y la Reina-Valera añade un versículo que falta en muchos manuscritos: «Mas a Silas le pareció bien el quedarse allí» Hechos 15:34. Ver profeta.
Pablo escoge a Silas para su segundo viaje
Hechos 15:36—16:10 Leer esta escena aparte →Pablo propone a Bernabé visitar las iglesias del primer viaje, pero discuten por Juan Marcos y se separan. Bernabé se va a Chipre con Marcos, «y Pablo, escogiendo a Silas, salió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor», recorriendo Siria y Cilicia Hechos 15:36-41. En Listra se les une Timoteo, y van entregando a las iglesias las decisiones de Jerusalén Hechos 16:1-5. El Espíritu les impide predicar en Asia y en Bitinia, y en Troas Pablo ve en visión a un macedonio que le ruega: «Pasa a Macedonia y ayúdanos» Hechos 16:6-10. Ver Pablo, Timoteo y el segundo viaje misionero.
Pablo y Silas cantan himnos en la cárcel de Filipos
Hechos 16:16-40 Leer esta escena aparte →En Filipos, Pablo expulsa un espíritu de adivinación de una muchacha esclava, y sus amos, que pierden la ganancia, prenden a Pablo y a Silas y los arrastran ante las autoridades: estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad. Los azotan con varas, los meten en el calabozo de más adentro y les sujetan los pies en el cepo Hechos 16:16-24. Ver Filipos.
«Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían». Un terremoto sacude los cimientos, se abren las puertas y se sueltan las cadenas. El carcelero, a punto de matarse, cae temblando ante Pablo y Silas y pregunta qué debe hacer para ser salvo; esa misma noche se bautiza con toda su casa Hechos 16:25-34. Por la mañana, cuando los magistrados mandan soltarlos, Pablo protesta: nos azotaron públicamente sin juicio, «siendo ciudadanos romanos», y que vengan ellos a sacarnos. Los magistrados, asustados, vienen a rogarles que se vayan Hechos 16:35-40.
Silas en Tesalónica, Berea y Corinto
Hechos 17:1—18:5 Leer esta escena aparte →En Tesalónica, Pablo discute tres sábados en la sinagoga, y algunos judíos, muchos griegos piadosos y bastantes mujeres nobles se juntan con Pablo y con Silas. Los que no creen provocan un alboroto, y los hermanos envían de noche a los dos a Berea Hechos 17:1-10. Allí los judíos reciben la palabra con solicitud, hasta que llegan agitadores de Tesalónica. Pablo sale hacia la costa y Atenas, «y Silas y Timoteo se quedaron allí», con el encargo de reunirse con él lo antes posible Hechos 17:11-15. Ver Tesalónica y Berea.
Lo encuentran en Corinto: «Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra» Hechos 18:5. Pablo recordará después a los corintios que Jesucristo fue predicado entre ellos por él, por Silvano y por Timoteo 2 Corintios 1:19. Ver Corinto.
Silvano en las cartas de Pablo y de Pedro
1 Pedro 5:12 Leer esta escena aparte →Las dos cartas a los tesalonicenses, escritas probablemente desde Corinto, empiezan con el nombre de los tres misioneros: «Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses» 1 Tesalonicenses 1:1 2 Tesalonicenses 1:1. Hechos no vuelve a mencionarlo después de Corinto.
Años más tarde, la primera carta de Pedro termina con una nota: «Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente» 1 Pedro 5:12. Ver Pedro.
Su papel dentro de la Biblia
Silas une dos mundos de la iglesia del siglo I: la comunidad de Jerusalén, de la que era dirigente y profeta, y la misión de Pablo entre las naciones. Su presencia en el segundo viaje lleva el respaldo de Jerusalén a las iglesias de Macedonia y Grecia, las primeras de Europa. La escena de la cárcel de Filipos, con los dos misioneros cantando de noche, es una de las más recordadas de Hechos.