Jehová guía a Israel en columna de nube y de fuego
Éxodo 13:17-22 Leer esta escena aparte →Israel sale de Egipto, y Dios no lo lleva por el camino de la costa, el más corto, sino por el desierto, para que no se desanime si ve la guerra Éxodo 13:17-18. Desde Etam, al borde del desierto, aparece la señal: «Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche». Y añade: nunca se apartó de delante del pueblo Éxodo 13:20-22. Ver la salida de Egipto y la zarza ardiente.
La columna de nube se interpone entre Israel y los egipcios en el mar Rojo
Éxodo 14:19-25 Leer esta escena aparte →Junto al mar, el ejército del faraón alcanza a Israel. Entonces el Ángel de Dios, que iba delante del campamento, se pone detrás, y la columna de nube pasa de delante a atrás y se coloca entre el campamento de los egipcios y el de Israel: «era nube y tinieblas para aquellos, y alumbraba a Israel de noche», y en toda la noche no se acercan los unos a los otros Éxodo 14:19-20. Ver el mar Rojo y los egipcios.
Mientras Moisés extiende la mano y el mar se abre, la columna protege el paso. A la vigilia de la mañana, Jehová mira el campamento de los egipcios «desde la columna de fuego y nube», los trastorna y quita las ruedas de sus carros Éxodo 14:21-25.
La columna de nube desciende a la tienda de reunión
Éxodo 33:7-11 Leer esta escena aparte →Antes de construirse el tabernáculo, Moisés monta una tienda fuera del campamento y la llama tienda de reunión. Cuando Moisés entra en ella, la columna de nube desciende y se pone a la puerta, y Jehová habla con Moisés. El pueblo, al verla, se levanta y adora cada uno a la puerta de su tienda. «Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero» Éxodo 33:7-11. Ver la tienda en medio del campamento.
Desde esa misma nube Dios interviene cuando Miriam y Aarón murmuran contra Moisés: desciende en la columna, se pone a la puerta del tabernáculo y los llama Números 12:5. Ver Aarón.
La nube cubre el tabernáculo y marca la marcha del campamento
Éxodo 40:34-38 Leer esta escena aparte →Cuando Moisés termina de levantar el tabernáculo, una nube cubre la tienda de reunión y la gloria de Jehová llena el tabernáculo, de modo que ni Moisés puede entrar Éxodo 40:34-35. Desde entonces, la nube regula el viaje: cuando se alza de sobre el tabernáculo, los hijos de Israel parten; si no se alza, no parten. De día está la nube sobre el tabernáculo, y de noche el fuego, a la vista de toda la casa de Israel Éxodo 40:36-38. Ver el tabernáculo y gloria.
Números lo detalla: a veces la nube se queda dos días, a veces un mes o un año, a veces solo una noche; «al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían» Números 9:15-23. Ver rumbo a la tierra prometida.
La columna de nube en la memoria de Israel y de la iglesia
Nehemías 9:9-21 Leer esta escena aparte →La columna quedó como la imagen del cuidado de Dios en el desierto. En la gran oración de confesión del tiempo de Nehemías, los levitas la recuerdan dos veces: «Con columna de nube los guiaste de día, y con columna de fuego de noche», y ni siquiera cuando hicieron el becerro se apartó de ellos Nehemías 9:12 Nehemías 9:18-19. Los salmos la cantan como guía y como lugar desde el que Dios hablaba: «En columna de nube hablaba con ellos» Salmos 78:14 Salmos 99:7. Isaías anuncia para la Sion futura una nube de día y un resplandor de fuego de noche, como en el desierto Isaías 4:5. Ver el becerro de oro.
Pablo la recuerda a los corintios con una imagen nueva: «nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar» 1 Corintios 10:1-2. Ver bautismo.
Lo que el texto permite afirmar y lo que no
El texto describe una sola columna que de día se ve como nube y de noche como fuego, en la que va Jehová, a veces llamado el Ángel de Dios Éxodo 14:19. No dice su tamaño ni su forma, solo que es una «columna»; no dice que nadie la fabricara ni la transportara. No es un objeto en sentido material, sino una señal visible de la presencia de Dios, y por eso no hay de ella ningún paralelo arqueológico. Las explicaciones naturales que se han propuesto —una erupción volcánica, una tormenta de arena o los braseros de una caravana— son hipótesis modernas que el relato no sugiere.