Una fiesta del campo
Israel tenía tres fiestas en que todo varón debía presentarse ante Dios: los panes sin levadura (unidos a la Pascua), la siega y la cosecha del final del año Éxodo 23:14-17. La segunda es Pentecostés. Su marco es el calendario agrícola: la cebada madura en primavera, en torno a la Pascua, y el trigo unas semanas después. La fiesta cierra la siega del trigo, «las primicias de la siega del trigo» Éxodo 34:22.
Contar cincuenta días
Levítico da el procedimiento: desde el día en que se ofrece la primera gavilla de la cebada, se cuentan siete semanas completas, «hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días», y entonces se presenta una ofrenda nueva: dos panes de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias Levítico 23:15-21. De ese cómputo sale el nombre griego, «el quincuagésimo».
Deuteronomio subraya el espíritu de la fiesta: cada uno trae según la bendición recibida y se alegra delante de Dios con su familia, sus siervos, el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda, «y acuérdate de que fuiste siervo en Egipto» Deuteronomio 16:9-12. Es una fiesta de gratitud compartida con los que no tienen tierra.
Pentecostés en Hechos
En tiempos de Jesús, Pentecostés era una fiesta de peregrinación que llenaba Jerusalén de judíos de la diáspora. Hechos sitúa en ese marco un acontecimiento fundador: estando los discípulos reunidos, se oye un estruendo como de viento, aparecen lenguas como de fuego sobre cada uno y comienzan a hablar en otras lenguas. La multitud de peregrinos —partos, medos, elamitas, gente de Mesopotamia, Asia, Egipto, Roma— los oye hablar cada uno en su propia lengua Hechos 2:1-11. Pedro explica lo ocurrido con la profecía de Joel sobre el derramamiento del Espíritu, y unas tres mil personas se bautizan Hechos 2:41.
La fiesta sigue presente después: Pablo se da prisa en su último viaje para estar en Jerusalén «el día de Pentecostés» Hechos 20:16, y en Éfeso piensa quedarse hasta esa fecha 1 Corintios 16:8.