«Al final de los días»
La expresión aparece ya en Génesis, cuando Jacob reúne a sus hijos para anunciarles «lo que os ha de acontecer en los días venideros» Génesis 49:1: ahí significa sencillamente «en el futuro». En los profetas adquiere un sentido más fuerte: el tiempo final en que Dios hará algo definitivo.
El texto más conocido es la visión de Isaías: «Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes». Todas las naciones subirán a aprender los caminos de Dios, y «volverán sus espadas en rejas de arado… no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra» Isaías 2:2-4. Joel anuncia que Dios derramará su Espíritu «sobre toda carne» antes del día grande y terrible de Jehová Joel 2:28-32, y Daniel recibe la orden de sellar el libro «hasta el tiempo del fin» Daniel 12:4.
Ya empezaron
El Nuevo Testamento hace una afirmación sorprendente: esos últimos días no son un futuro lejano; ya han comenzado. Pedro, en Pentecostés, cita a Joel y cambia ligeramente la entrada: «Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu» Hechos 2:16-21. Lo que está ocurriendo es el cumplimiento.
Hebreos empieza igual: Dios habló antes por los profetas, «en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo» Hebreos 1:1-2. Pablo dice que los creyentes son aquellos «a quienes han alcanzado los fines de los siglos» 1 Corintios 10:11, y Juan: «Hijitos, ya es el último tiempo» 1 Juan 2:18.
Pero todavía no del todo
Al mismo tiempo, el Nuevo Testamento espera un final que aún no ha llegado: la venida de Cristo, la resurrección, el juicio y la nueva creación. Los últimos días son también un tiempo difícil. Pablo advierte a Timoteo que «en los postreros días vendrán tiempos peligrosos», con hombres amadores de sí mismos, avaros y «amadores de los deleites más que de Dios» 2 Timoteo 3:1-5.
Sin fecha
Ante la curiosidad por saber cuándo será el fin, Jesús es tajante: «de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad; porque no sabéis cuándo será el tiempo» Marcos 13:32-33. La enseñanza bíblica sobre el fin no sirve para calcular fechas, sino para vivir despiertos.