Acab rey de Israel: Jezabel y el templo de Baal en Samaria
1 Reyes 16:29-34 Leer esta escena aparte →Acab hereda el trono de su padre Omri, que había comprado el monte de Samaria y fundado allí la capital del reino 1 Reyes 16:24. Reina veintidós años, y el narrador lo presenta con el juicio más severo dado hasta entonces: hizo lo malo más que todos los que fueron antes de él 1 Reyes 16:29-30. Como si fuera poco andar en los pecados de Jeroboam, se casa con Jezabel, hija de Et-baal, rey de los sidonios, sirve a Baal, le edifica un templo y un altar en Samaria y hace una imagen de Asera 1 Reyes 16:31-33.
En sus días, Hiel de Bet-el reconstruye Jericó y la maldición de Josué cae sobre sus hijos 1 Reyes 16:34. Ver Samaria y los fenicios.
Acab y Elías: la sequía y el monte Carmelo
1 Reyes 17:1—18:46 Leer esta escena aparte →El profeta Elías anuncia a Acab que no lloverá sino por su palabra 1 Reyes 17:1. Durante la sequía, Jezabel persigue a los profetas de Jehová, y el mayordomo de Acab, Abdías, esconde a cien de ellos en cuevas 1 Reyes 18:3-4. El propio rey recorre el país buscando pasto para los caballos y mulas 1 Reyes 18:5-6. Al tercer año, Acab y Elías se encuentran: «¿Eres tú el que turbas a Israel?», dice el rey; «No he turbado yo a Israel, sino tú y la casa de tu padre», responde el profeta 1 Reyes 18:17-18.
Acab convoca al pueblo y a los profetas de Baal en el Carmelo, asiste al fuego del cielo y a la matanza de los profetas, y vuelve en su carro a Jezreel mientras Elías corre delante de él bajo la lluvia 1 Reyes 18:20 1 Reyes 18:44-46. Es Jezabel, no Acab, quien jura matar al profeta 1 Reyes 19:1-2. Ver Elías y el monte Carmelo.
Acab vence a Ben-adad de Siria y le perdona la vida
1 Reyes 20:1-43 Leer esta escena aparte →Ben-adad, rey de Siria, sube con treinta y dos reyes aliados y sitia Samaria, y exige a Acab su plata, su oro, sus mujeres y sus hijos. Acab cede al principio y después se niega: «no se alabe tanto el que se ciñe las armas como el que las desciñe» 1 Reyes 20:1-11. Un profeta le anuncia la victoria, y los jóvenes de los gobernadores de las provincias derrotan a los sirios 1 Reyes 20:13-21. Al año siguiente vuelve a vencerlos en Afec 1 Reyes 20:26-30.
Ben-adad se presenta con sus siervos vestidos de cilicio y con sogas al cuello, y Acab lo llama «mi hermano», le perdona la vida y hace un pacto con él a cambio de ciudades y de mercados en Damasco 1 Reyes 20:31-34. Un profeta, disfrazado de soldado herido, le hace dictar su propia sentencia: por haber dejado ir al hombre que Dios había condenado, su vida pagará por la suya. Acab vuelve a su casa «triste y enojado» 1 Reyes 20:35-43. Ver los arameos.
La viña de Nabot: Jezabel, el crimen y el arrepentimiento de Acab
1 Reyes 21:1-29 Leer esta escena aparte →Acab quiere la viña de Nabot, junto a su palacio de Jezreel, para hacerse un huerto, y ofrece otra mejor o su precio. Nabot se niega a vender la heredad de sus padres, y el rey se acuesta, vuelve la cara y no come 1 Reyes 21:1-4. Jezabel se burla: «¿Eres tú ahora rey sobre Israel?». Escribe cartas con el sello del rey, hace acusar a Nabot por dos testigos falsos y lo hace apedrear 1 Reyes 21:5-14. Acab baja a tomar posesión de la viña.
Allí lo espera Elías: «¿No mataste, y también has despojado?». Los perros lamerán su sangre, su casa será barrida, y los perros comerán a Jezabel 1 Reyes 21:17-24. El narrador añade su juicio: no hubo ninguno como Acab, que se vendió para hacer lo malo, incitado por Jezabel su mujer 1 Reyes 21:25-26. Pero Acab rasga sus vestidos, se viste de cilicio y ayuna, y Dios aplaza el castigo a los días de su hijo 1 Reyes 21:27-29. Ver Jezreel.
La muerte de Acab en Ramot de Galaad y la profecía de Micaías
1 Reyes 22:1-40 Leer esta escena aparte →Tres años después, Acab propone a Josafat, rey de Judá, recuperar Ramot de Galaad de manos de Siria, y Josafat acepta, pero pide consultar antes a Jehová 1 Reyes 22:1-5. Cuatrocientos profetas aseguran la victoria. Josafat pregunta si no hay otro, y Acab confiesa que queda uno, Micaías hijo de Imla, «mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal» 1 Reyes 22:6-8.
Micaías, presionado, repite primero lo que dicen los demás y después cuenta su visión: Israel esparcido por los montes como ovejas sin pastor, y Jehová en su trono permitiendo que un espíritu de mentira hable por boca de los profetas del rey 1 Reyes 22:15-23. Acab lo manda a la cárcel a pan y agua hasta que vuelva en paz, y Micaías responde: si vuelves en paz, Jehová no ha hablado por mí 1 Reyes 22:26-28.
Acab entra en la batalla disfrazado. Los sirios persiguen a Josafat, creyendo que es el rey de Israel, y lo dejan al ver su error. Un hombre dispara su arco «a la ventura» y hiere a Acab entre las junturas de la armadura. El rey se queda en su carro, sostenido frente a los sirios, y muere al atardecer 1 Reyes 22:29-35. Lo entierran en Samaria; al lavar su carro en el estanque, los perros lamen su sangre, conforme a la palabra de Jehová 1 Reyes 22:37-38. Ver Ramot de Galaad.
Su papel dentro de la Biblia
Acab es el rey que la Biblia pone como ejemplo de la idolatría en el reino del norte, y su nombre pasa a designar toda una manera de reinar: los reyes posteriores «anduvieron en el camino de la casa de Acab» 2 Reyes 8:18 2 Reyes 8:27, y Miqueas condena a Jerusalén por guardar «toda obra de la casa de Acab» Miqueas 6:16. Su casa termina con Jehú, ungido para vengar la sangre de los profetas derramada por Jezabel 2 Reyes 9:7-10.
Su historia sirve, sobre todo, de escenario para los grandes profetas 1 Reyes 22:8: Elías, Micaías y los profetas anónimos de 1 Reyes 20. En sus relatos aparece la pregunta de cómo distinguir al profeta verdadero de los que dicen al rey lo que quiere oír.
Historia y evidencia
Otros con el mismo nombre
Jeremías menciona a un falso profeta llamado Acab hijo de Colaías, entre los desterrados de Babilonia, al que Nabucodonosor mandó quemar Jeremías 29:21-22.