Pensar con el corazón
Un lector moderno asocia el corazón con los afectos. En la Biblia, el corazón es sobre todo el lugar donde se piensa y se decide. Cuando Salomón pide sabiduría, pide literalmente un «corazón que escucha» para juzgar al pueblo, y Dios le da «corazón sabio y entendido» 1 Reyes 3:9-12. El diluvio se explica porque «todo designio de los pensamientos del corazón» de los hombres era de continuo solamente el mal Génesis 6:5. Proverbios pide guardar el corazón por encima de todo, «porque de él mana la vida» Proverbios 4:23.
El corazón que Dios mira
Porque el corazón es la persona en su centro, es lo que Dios juzga. Cuando Samuel se impresiona con el aspecto del hijo mayor de Isaí, Dios le dice: «el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» 1 Samuel 16:7. Jeremías va más lejos: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas… ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente» Jeremías 17:9-10.
Endurecer el corazón
En el relato de las plagas, el faraón «endurece su corazón»: no es insensibilidad emocional, sino negarse a escuchar y a dejar ir al pueblo Éxodo 8:15. El texto alterna entre decir que el faraón endureció su corazón y que Dios lo endureció, sin resolver la relación entre las dos cosas.
Un corazón nuevo
La Ley pide amar a Dios «de todo tu corazón» y que sus palabras estén «sobre tu corazón» Deuteronomio 6:5-6. Pero Israel no lo consigue, y la esperanza se desplaza: será Dios quien actúe sobre el corazón. Deuteronomio habla de que Dios «circuncidará tu corazón» Deuteronomio 30:6; David, tras su pecado, pide: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio» Salmos 51:10; Ezequiel anuncia: «quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne» Ezequiel 36:26.
En el Nuevo Testamento
Jesús sitúa en el corazón el origen de lo que contamina a una persona: no lo que entra por la boca, sino lo que sale de dentro, «del corazón de los hombres», los malos pensamientos y los actos que nacen de ellos Marcos 7:20-23. Llama bienaventurados a los de limpio corazón Mateo 5:8. Y Pablo une corazón y boca en la fe: «con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación» Romanos 10:9-10.