Una palabra con dos caras
En español distinguimos «prueba» (algo que puede ser bueno, como un examen) y «tentación» (una invitación a hacer el mal). En hebreo y en griego es la misma palabra. Por eso los textos parecen a veces contradecirse, y por eso conviene preguntarse en cada caso quién prueba y para qué.
Dios prueba. «Probó Dios a Abraham», pidiéndole que ofreciera a Isaac Génesis 22:1-2. Y Moisés recuerda al pueblo los cuarenta años del desierto: Dios te hizo andar por él «para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos» Deuteronomio 8:2. La prueba de Dios saca a la luz la fe y la fortalece.
El pueblo tienta a Dios. En Refidim, sin agua, los israelitas exigen una señal, y el lugar se llama Masah, «prueba», «por cuanto tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?» Éxodo 17:7. Tentar a Dios es desconfiar de él y exigirle que se demuestre.
El tentador incita al mal. En el Edén, la serpiente siembra la duda —«¿Conque Dios os ha dicho…?»— y presenta el fruto como bueno, agradable y deseable Génesis 3:1-6.
Santiago: prueba sí, tentación de Dios no
Santiago pone las dos caras una al lado de la otra. Primero: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia» Santiago 1:2-4. Después, unos versículos más abajo, con la misma raíz griega: nadie diga que es tentado por Dios, porque «Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie»; la tentación nace del propio deseo, que concibe el pecado, y el pecado trae la muerte Santiago 1:13-15.
Las tentaciones de Jesús
Después de su bautismo, Jesús es llevado al desierto, ayuna cuarenta días y el diablo lo tienta tres veces: convertir piedras en pan, tirarse desde lo alto del templo y recibir todos los reinos a cambio de adorarlo. Jesús responde cada vez con una frase del Deuteronomio, y el diablo se aparta Mateo 4:1-11.
Hebreos saca la consecuencia: Jesús es un sumo sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades, porque «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» Hebreos 4:15.
«No nos metas en tentación»
Jesús enseña a pedir en el Padrenuestro: «Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal» Mateo 6:13. En Getsemaní repite el consejo a los discípulos dormidos: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» Mateo 26:41. Y Pablo asegura: «Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida» 1 Corintios 10:13.