Elí toma por ebria a Ana en el santuario de Silo
1 Samuel 1:1-18 Leer esta escena aparte →Cada año, Elcana sube de Ramá a Silo para adorar y ofrecer sacrificios a Jehová. Allí están los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová 1 Samuel 1:3. Una de las mujeres de Elcana, Ana, no tiene hijos, y su rival la humilla por ello 1 Samuel 1:4-8. Ver Silo.
Elí está sentado en una silla junto a un pilar del templo cuando Ana entra a orar. Ella promete que, si Dios le da un hijo varón, lo dedicará a Jehová todos los días de su vida. Ora en su corazón: se le mueven los labios, pero no se oye su voz, y Elí la toma por ebria: «¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino» 1 Samuel 1:9-14. Ana le explica que no ha bebido, que es una mujer atribulada que ha derramado su alma delante de Jehová. Elí cambia de tono: «Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho» 1 Samuel 1:15-18.
Ana entrega al niño Samuel a Elí
1 Samuel 1:24—2:11 Leer esta escena aparte →Ana da a luz a Samuel, y cuando lo desteta lo sube a Silo con un sacrificio. Se presenta ante Elí: «Yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba», y se lo deja dedicado a Jehová 1 Samuel 1:24-28. El niño se queda sirviendo a Jehová delante del sacerdote Elí 1 Samuel 2:11. Cada año, cuando la familia sube a Silo, Elí bendice a Elcana y a su mujer, y Ana tiene otros cinco hijos 1 Samuel 2:19-21. Ver Samuel.
Los hijos de Elí, Ofni y Finees, profanan los sacrificios
1 Samuel 2:12-26 Leer esta escena aparte →«Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová» 1 Samuel 2:12. Cuando alguien ofrece un sacrificio, el criado del sacerdote mete un garfio de tres dientes en la olla y se lleva lo que saque; antes de quemar la grasa, que correspondía a Dios, exige carne cruda para el sacerdote, y si el que sacrifica se resiste, se la lleva por la fuerza. «Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes», porque hacían que la gente menospreciara las ofrendas 1 Samuel 2:13-17.
Elí es ya muy viejo. Se entera de lo que hacen sus hijos con todo Israel y de que se acuestan con las mujeres que sirven a la entrada del tabernáculo. Los reprende: «Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?». Pero ellos no escuchan la voz de su padre 1 Samuel 2:22-25. En contraste, el joven Samuel va creciendo y es acepto delante de Dios y de los hombres 1 Samuel 2:26.
Un hombre de Dios anuncia a Elí el fin de su casa
1 Samuel 2:27-36 Leer esta escena aparte →Un hombre de Dios, cuyo nombre no se da, viene a Elí. Le recuerda que Dios eligió a la familia de su padre para el sacerdocio, y le hace una pregunta que es una acusación: «¿Por qué… has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?» 1 Samuel 2:27-29. La promesa de un sacerdocio perpetuo queda condicionada: «yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco» 1 Samuel 2:30.
Anuncia que en la casa de Elí no habrá ancianos, y da una señal: sus dos hijos morirán el mismo día. Dios se levantará «un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón», y los descendientes de Elí vendrán a pedirle un puesto entre los sacerdotes para tener un bocado de pan 1 Samuel 2:31-36.
Elí enseña al niño Samuel a responder a Dios
1 Samuel 3:1-18 Leer esta escena aparte →En aquellos días la palabra de Jehová escaseaba y no había visión con frecuencia. Una noche, cuando los ojos de Elí ya empiezan a oscurecerse y la lámpara de Dios todavía no se ha apagado, Samuel oye que lo llaman y corre a Elí: «Heme aquí; ¿para qué me llamaste?». Elí no lo ha llamado 1 Samuel 3:1-5. Ocurre tres veces, y a la tercera Elí entiende que es Jehová quien llama al muchacho, y le enseña la respuesta: «Habla, Jehová, porque tu siervo oye» 1 Samuel 3:6-10.
Lo que Samuel oye es la sentencia contra Elí: Dios juzgará su casa para siempre, porque sus hijos han blasfemado a Dios «y él no los ha estorbado» 1 Samuel 3:11-14. Por la mañana, Samuel teme contarlo. Elí le hace jurar que no le oculte nada, y al oírlo responde: «Jehová es; haga lo que bien le pareciere» 1 Samuel 3:15-18.
Muerte de Elí al saber que los filisteos tomaron el arca
1 Samuel 4:1-22 Leer esta escena aparte →Israel sale a la guerra contra los filisteos y es derrotado junto a Eben-ezer. Los ancianos deciden traer el arca de la alianza desde Silo para que los salve, y con ella vienen Ofni y Finees 1 Samuel 4:1-4. Los filisteos, asustados, luchan con más fuerza: Israel es vencido, el arca es tomada y los dos hijos de Elí mueren 1 Samuel 4:5-11. Ver Eben-ezer y los filisteos.
Un hombre de Benjamín llega corriendo a Silo con la ropa rasgada y tierra sobre la cabeza. Elí está sentado en su silla junto al camino, con el corazón temblando por el arca de Dios. Tiene noventa y ocho años y ya no ve 1 Samuel 4:12-15. El mensajero le da las noticias una tras otra: Israel ha huido, tus dos hijos han muerto, el arca de Dios ha sido tomada. Al oír lo del arca, Elí cae de espaldas de la silla, junto a la puerta, se desnuca y muere, «porque era hombre viejo y pesado». Había juzgado a Israel cuarenta años 1 Samuel 4:16-18.
La mujer de Finees, embarazada, se pone de parto al oír las noticias y muere después de dar a luz. Llama al niño Icabod, diciendo: «¡Traspasada es la gloria de Israel!», por el arca y por la muerte de su suegro y de su marido 1 Samuel 4:19-22.
Su papel dentro de la Biblia
Elí es la figura de transición entre los jueces y la monarquía. Con él termina el santuario de Silo como centro de Israel y empieza la historia de Samuel, el profeta que ungirá a los dos primeros reyes. Su caída muestra la idea que recorre los libros de Samuel: Dios aparta a los que se sirven de lo sagrado y levanta a otros. Siglos después, Jeremías recordará la ruina de Silo como advertencia para el templo de Jerusalén Jeremías 7:12-14.
La sentencia contra su casa se cumple en varias etapas: la muerte de sus hijos, la matanza de los sacerdotes de Nob, que eran muy probablemente descendientes suyos 1 Samuel 22:11-19, y la destitución de Abiatar, el único que escapó, cuando Salomón lo expulsa del sacerdocio 1 Reyes 2:26-27. El linaje de Elí aparece en el texto en una línea: Ahías, sacerdote en tiempos de Saúl, era hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí 1 Samuel 14:3.