Aarón funde el becerro de oro al pie del Sinaí
Éxodo 32:1-6 Leer esta escena aparte →Moisés ha subido al monte a recibir la ley y tarda en volver: cuarenta días y cuarenta noches Éxodo 24:18. El pueblo se reúne alrededor de Aarón y le pide: «Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido» Éxodo 32:1. Aarón les pide los zarcillos de oro de sus mujeres y de sus hijos, los recibe, los trabaja con buril y hace un becerro de fundición. Ellos dicen: «Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto» Éxodo 32:2-4. Ver Aarón y el Sinaí.
Al verlo, Aarón edifica un altar delante del becerro y pregona: «Mañana será fiesta para Jehová». Al día siguiente ofrecen holocaustos y ofrendas de paz, y el pueblo se sienta a comer y a beber, y se levanta a regocijarse Éxodo 32:5-6. Ver el altar de los holocaustos.
Moisés rompe las tablas y destruye el becerro
Éxodo 32:7-29 Leer esta escena aparte →En el monte, Dios le dice a Moisés que el pueblo se ha corrompido y que se ha hecho un becerro, y anuncia que lo consumirá. Moisés intercede por el pueblo y Dios se arrepiente del mal que había dicho Éxodo 32:7-14. Pero cuando baja con las dos tablas y ve el becerro y las danzas, se enciende su ira, arroja las tablas y las quiebra al pie del monte Éxodo 32:15-19. Ver las tablas de la ley y Moisés.
Toma el becerro, lo quema en el fuego, lo muele hasta reducirlo a polvo, lo esparce sobre las aguas y hace beber de ellas a los hijos de Israel Éxodo 32:20. Después pide cuentas a Aarón, que se excusa: el pueblo es inclinado al mal; me pidieron dioses, «y lo eché en el fuego, y salió este becerro» Éxodo 32:21-24. Moisés se pone a la puerta del campamento y llama: «¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo». Se juntan los levitas, y ese día mueren unos tres mil hombres Éxodo 32:26-28. Ver los levitas.
Jeroboam pone dos becerros de oro en Bet-el y Dan
1 Reyes 12:26-33 Leer esta escena aparte →Siglos después, el reino se ha dividido, y Jeroboam, rey de las diez tribus del norte, teme que si su pueblo sigue subiendo a ofrecer sacrificios en el templo de Jerusalén, su corazón vuelva a la casa de David y lo maten 1 Reyes 12:26-27. Hace dos becerros de oro y le dice al pueblo: «Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto». Pone uno en Bet-el, en la frontera sur del reino, y otro en Dan, en el extremo norte, «y esto fue causa de pecado» 1 Reyes 12:28-30. Nombra sacerdotes que no eran levitas y crea una fiesta propia en el mes octavo 1 Reyes 12:31-33. Ver Jeroboam, Bet-el y Dan.
El pecado de Jeroboam: los becerros hasta la caída de Samaria
2 Reyes 10:28-31 Leer esta escena aparte →Los becerros de Bet-el y Dan se mantienen durante los dos siglos del reino del norte. Ni siquiera Jehú, que extermina el culto de Baal, se aparta de ellos 2 Reyes 10:28-29. Cuando Samaria cae ante Asiria, el narrador cuenta entre las causas que los israelitas «se hicieron imágenes fundidas de dos becerros» 2 Reyes 17:16. Desde el sur, el rey Abías de Judá echa en cara al norte sus «becerros de oro que Jeroboam os hizo por dioses» 2 Crónicas 13:8. Ver Jehú y Samaria.
En el siglo VIII, el profeta Oseas se burla de ellos. «Tu becerro, oh Samaria, te hizo alejarse… porque de Israel es también este, artífice lo hizo; no es Dios; por lo que será deshecho en pedazos el becerro de Samaria» Oseas 8:5-6. Y añade una frase cortante: los hombres que sacrifican «besen los becerros» Oseas 13:2. Anuncia también que el becerro de Bet-avén —«casa de iniquidad», su apodo para Bet-el— será llevado a Asiria como regalo para el rey Oseas 10:5-6. Ver Oseas.
El becerro de oro en la memoria de la Biblia
Salmos 106:19-23 Leer esta escena aparte →El episodio del Sinaí quedó como el ejemplo por excelencia de la infidelidad del pueblo. El salmo lo resume así: «Hicieron becerro en Horeb… Así cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba», y recuerda que Moisés se interpuso para que Dios no los destruyera Salmos 106:19-23. En su gran oración de confesión, los levitas del tiempo de Nehemías lo ponen en el centro de la historia: aun cuando hicieron el becerro, Dios no los abandonó en el desierto Nehemías 9:18-19.
En el Nuevo Testamento, Esteban lo recuerda ante el sanedrín como el momento en que los padres «en sus corazones se volvieron a Egipto» Hechos 7:39-41, y Pablo cita la escena de la fiesta como advertencia a los corintios: «Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar» 1 Corintios 10:7. Ver Esteban.
Lo que el texto permite afirmar y lo que no
El texto dice que el becerro del Sinaí era de oro fundido, hecho con zarcillos, y que se le dedicó un altar y una fiesta. No dice su tamaño, ni si era macizo o recubierto, ni qué aspecto exacto tenía. De los de Jeroboam solo dice que eran de oro. La forma de toro joven está asegurada por la palabra; el resto de cualquier reconstrucción procede de las figuras de toros halladas en la región, que sirven de comparación, no de prueba.