Dos señores
En el Sermón del monte, Jesús advierte contra acumular tesoros en la tierra, «donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan», porque «donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón». Y concluye: «Ninguno puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas» Mateo 6:19-24.
La palabra que la Reina-Valera traduce «riquezas» es mamón, que el evangelio deja en arameo. Jesús la pone en el mismo nivel que Dios: no como una cosa que se usa, sino como un amo al que se sirve. El verbo «servir» es el de un esclavo. No se puede pertenecer a dos dueños a la vez.
Las «riquezas injustas»
Lucas usa la palabra al final de la parábola del mayordomo infiel: «Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas… Si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?», y repite: «No podéis servir a Dios y a las riquezas» Lucas 16:9-13. Las riquezas no son condenadas en sí, pero se llaman «injustas» porque tienden a la injusticia y pertenecen a este mundo pasajero; lo que se puede hacer con ellas es usarlas para el bien de otros.
Lo que hace la riqueza
Jesús cuenta la parábola del rico que, tras una gran cosecha, decide derribar sus graneros, construir otros mayores y descansar: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?». Y advierte: «Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee» Lucas 12:15-21. Pablo lo dice así: «raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe» 1 Timoteo 6:9-10.