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Arrepentimiento

También: Arrepentirse · Conversión · Convertirse · Volverse · Metanoia · Teshuvá · Penitencia

En la Biblia, más que un sentimiento de pesar, un cambio de rumbo: dar la vuelta y regresar a Dios, abandonando el camino equivocado. Es el llamado central de los profetas a Israel, el primer mensaje de Juan el Bautista y de Jesús, y la condición que la predicación de los apóstoles pone para el perdón.

En la Biblia

Los profetas repiten el llamado: «Volveos, volveos de vuestros malos caminos» (Ezequiel 33:11). Nínive se arrepiente ante la predicación de Jonás, y Dios desiste del castigo (Jonás 3:5-10). Juan el Bautista predica «arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» (Mateo 3:2), y Jesús empieza con las mismas palabras (Marcos 1:15). Pedro exhorta en Pentecostés: «Arrepentíos, y bautícese cada uno» (Hechos 2:38).

Etimología

Del latín paenitere, «pesar, lamentar». El concepto bíblico, en cambio, se expresa sobre todo con el hebreo שׁוּב shuv, «volver, dar la vuelta», un verbo de movimiento. El griego del Nuevo Testamento usa metánoia, de metá, «cambio», y noûs, «mente»: un cambio de manera de pensar. Existe además el hebreo nijam, «lamentar, cambiar de parecer», que se usa incluso de Dios.

Dar la vuelta

El verbo hebreo más usado para el arrepentimiento, shuv, es un verbo de camino: significa volver. Quien se arrepiente no se queda quieto lamentándose; se da la vuelta y regresa. Por eso los profetas hablan de «volverse» de los malos caminos y «volverse» a Dios, con un mismo verbo y dos direcciones.

Ezequiel lo formula con claridad: «Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones… ¿Por qué moriréis, casa de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis» Ezequiel 18:30-32. Y otra vez: «Volveos, volveos de vuestros malos caminos» Ezequiel 33:11. El arrepentimiento no es solo posible: Dios lo desea.

Con todo el corazón

La Ley ya había previsto que Israel, en el exilio, se volviera a Dios y que Dios lo hiciera volver a su tierra Deuteronomio 30:1-3: el verbo shuv se usa para las dos cosas. Joel insiste en que el regreso debe ser interior: «convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos» Joel 2:12-13. El gesto externo del luto no basta.

Nínive

El ejemplo más llamativo del Antiguo Testamento es el de un pueblo extranjero. Jonás anuncia que en cuarenta días Nínive será destruida, y la ciudad entera, del rey al último, se viste de cilicio y se aparta de su mal camino. «Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría» Jonás 3:5-10. El texto usa aquí la otra palabra, nijam, para Dios: él también «cambia de parecer».

En el Nuevo Testamento

La predicación de Juan el Bautista se resume en una palabra: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» Mateo 3:2, y Juan exige «frutos dignos de arrepentimiento», no apelar a ser hijos de Abraham Mateo 3:8-9. Jesús empieza igual: «arrepentíos, y creed en el evangelio» Marcos 1:15.

Las parábolas de Lucas 15 lo cuentan en forma de historia. El hijo menor, en la miseria, «volvió en sí» y decidió regresar a su padre; y el padre, que lo ve de lejos, corre a su encuentro Lucas 15:17-20. La oveja y la moneda perdidas terminan con el mismo estribillo: hay gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente Lucas 15:7.

En Hechos, el arrepentimiento es la respuesta que piden los apóstoles: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» Hechos 2:38.

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