Dar la vuelta
El verbo hebreo más usado para el arrepentimiento, shuv, es un verbo de camino: significa volver. Quien se arrepiente no se queda quieto lamentándose; se da la vuelta y regresa. Por eso los profetas hablan de «volverse» de los malos caminos y «volverse» a Dios, con un mismo verbo y dos direcciones.
Ezequiel lo formula con claridad: «Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones… ¿Por qué moriréis, casa de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis» Ezequiel 18:30-32. Y otra vez: «Volveos, volveos de vuestros malos caminos» Ezequiel 33:11. El arrepentimiento no es solo posible: Dios lo desea.
Con todo el corazón
La Ley ya había previsto que Israel, en el exilio, se volviera a Dios y que Dios lo hiciera volver a su tierra Deuteronomio 30:1-3: el verbo shuv se usa para las dos cosas. Joel insiste en que el regreso debe ser interior: «convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos» Joel 2:12-13. El gesto externo del luto no basta.
Nínive
El ejemplo más llamativo del Antiguo Testamento es el de un pueblo extranjero. Jonás anuncia que en cuarenta días Nínive será destruida, y la ciudad entera, del rey al último, se viste de cilicio y se aparta de su mal camino. «Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría» Jonás 3:5-10. El texto usa aquí la otra palabra, nijam, para Dios: él también «cambia de parecer».
En el Nuevo Testamento
La predicación de Juan el Bautista se resume en una palabra: «Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado» Mateo 3:2, y Juan exige «frutos dignos de arrepentimiento», no apelar a ser hijos de Abraham Mateo 3:8-9. Jesús empieza igual: «arrepentíos, y creed en el evangelio» Marcos 1:15.
Las parábolas de Lucas 15 lo cuentan en forma de historia. El hijo menor, en la miseria, «volvió en sí» y decidió regresar a su padre; y el padre, que lo ve de lejos, corre a su encuentro Lucas 15:17-20. La oveja y la moneda perdidas terminan con el mismo estribillo: hay gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente Lucas 15:7.
En Hechos, el arrepentimiento es la respuesta que piden los apóstoles: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados» Hechos 2:38.