Una palabra con dos historias
Cuando los primeros cristianos se llamaron ekklēsía, la palabra traía dos resonancias. Para cualquier habitante de una ciudad griega era la asamblea de ciudadanos: en Éfeso, el escribano de la ciudad disuelve un tumulto recordando que los asuntos se resuelven «en legítima asamblea», y el texto usa esa misma palabra Hechos 19:39-41. Para un judío que leía la Biblia en griego era la «congregación» de Israel reunida ante Dios, la del día del Sinaí Deuteronomio 4:10. Esteban llama a Israel en el desierto «la congregación», ekklēsía Hechos 7:38.
El nombre decía, pues, que los que creían en Jesús eran el pueblo convocado por Dios, no un club privado.
En los evangelios
La palabra aparece solo en dos pasajes de los evangelios, ambos en Mateo. Tras la confesión de Pedro, Jesús dice: «sobre esta roca edificaré mi iglesia» Mateo 16:18; y al hablar de cómo corregir a un hermano, el último paso es decirlo «a la iglesia», con la promesa de estar en medio de dos o tres reunidos en su nombre Mateo 18:15-20.
Cómo era una iglesia
Hechos describe la primera comunidad de Jerusalén: se bautizan unas tres mil personas y perseveran en la doctrina de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones; comparten bienes, van al templo y comen en las casas Hechos 2:41-47. En Antioquía, donde se mezclan judíos y griegos, a los discípulos se les llama por primera vez «cristianos» Hechos 11:26. En cada iglesia nueva, Pablo y Bernabé constituyen ancianos Hechos 14:23.
La mayoría de estas iglesias eran pequeñas y se reunían en casas. Pablo saluda a Priscila y Aquila «y a la iglesia de su casa» Romanos 16:3-5; en Colosas la iglesia se reúne en casa de Filemón Filemón 1:2. Por eso en una misma ciudad podía haber varias.
Cuerpo, templo, familia
Pablo describe la iglesia con imágenes. Es un cuerpo con muchos miembros distintos, todos necesarios, del que Cristo es la cabeza 1 Corintios 12:12-27. Es un templo en construcción sobre el fundamento de los apóstoles y profetas Efesios 2:19-22. Y es una familia: sus miembros se llaman «hermanos». Lo que rompe es la división que la sociedad daba por natural: en ella no hay «judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer» Gálatas 3:28.