Supervisor y anciano
En el Nuevo Testamento, «obispo» no es todavía el dignatario de una diócesis, sino uno de los responsables de una iglesia local. Y lo más importante para entenderlo: se usa como otro nombre del «anciano» (presbítero).
Se ve en dos pasajes. Pablo, de camino a Jerusalén, manda llamar desde Mileto «a los ancianos de la iglesia» de Éfeso Hechos 20:17, y a esos mismos ancianos les dice que el Espíritu Santo los ha puesto «por obispos» Hechos 20:28. En la carta a Tito, Pablo le pide que establezca «ancianos en cada ciudad», y sigue: «porque es necesario que el obispo sea irreprensible» Tito 1:5-9. Mismo grupo, dos nombres: «anciano» dice quiénes eran —personas maduras y respetadas—; «obispo», qué hacían —supervisar y cuidar—.
En Filipos había varios: Pablo saluda «a los obispos y diáconos» Filipenses 1:1, en plural.
Qué se pedía
La primera carta a Timoteo empieza: «Si alguno anhela obispado, buena obra desea». La lista de cualidades es casi toda de carácter, no de talento 1 Timoteo 3:1-7:
- irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso;
- hospedador y apto para enseñar;
- no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable y apacible;
- que gobierne bien su casa: «pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?»;
- no un recién convertido, para que no se envanezca;
- con buen testimonio de los de fuera.
Su tarea es la de un pastor: «apacentar la iglesia del Señor» Hechos 20:28. Pedro exhorta a los ancianos a apacentar la grey de Dios «cuidando de ella» —en griego, episkopoûntes, «ejerciendo de obispos»— 1 Pedro 5:1-2. Y da a Cristo ese título: «el Pastor y Obispo de vuestras almas» 1 Pedro 2:25.