El ejemplo de Abraham
La escena que define la hospitalidad bíblica está en Génesis 18. En la hora de más calor, Abraham ve a tres hombres frente a su tienda, corre a recibirlos, se postra y les ruega que no pasen de largo. Hace traer agua para lavarles los pies, pide a Sara que amase panes, escoge un becerro tierno y se queda de pie junto a ellos mientras comen Génesis 18:1-8. No sabe que son mensajeros de Dios. Lot hace lo mismo en Sodoma con los dos ángeles: insiste hasta que entran en su casa y les prepara un banquete Génesis 19:1-3.
Hebreos recuerda estas escenas para animar a los cristianos: «No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» Hebreos 13:2.
Un deber, no un favor
Para viajar por los caminos antiguos había pocas posadas, y muchas tenían mala fama. Dar alojamiento al que llegaba era una cuestión de vida o muerte, y por eso se consideraba un deber. Job lo pone entre las pruebas de su justicia: «El forastero no pasaba fuera la noche; mis puertas abría al caminante» Job 31:32. La ley lo extiende al extranjero que vive en la tierra: «lo amarás como a ti mismo; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto» Levítico 19:33-34.
La sunamita es otro ejemplo: invita a comer a Eliseo cada vez que pasa y, después, convence a su marido de construirle un pequeño cuarto con cama, mesa, silla y candelero 2 Reyes 4:8-10.
Jesús y sus enviados
Jesús y sus discípulos dependían de la hospitalidad. Al enviar a los setenta, les dice que se queden en la casa que los reciba, «comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario» Lucas 10:5-7. Y en la parábola del juicio final, la hospitalidad se vuelve un criterio decisivo: «fui forastero, y me recogisteis… En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» Mateo 25:35-40.
En la Iglesia primitiva
Las primeras iglesias se reunían en casas y se sostenían con la hospitalidad. Los misioneros y los creyentes que viajaban se alojaban en casas de hermanos. Por eso los apóstoles insisten: «compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad» Romanos 12:13; «hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones» 1 Pedro 4:9. Juan elogia a Gayo por recibir a hermanos desconocidos y encaminarlos «como es digno de su servicio a Dios», porque así «cooperamos con la verdad» 3 Juan 1:5-8.