Una palabra del servicio de la mesa
Diákonos era una palabra corriente: el que sirve a la mesa, el criado, el ayudante. En la boda de Caná, María dice a «los que servían» —los diákonoi— «Haced todo lo que os dijere» Juan 2:5. Pablo llama incluso a la autoridad civil «servidor de Dios» para el bien Romanos 13:4.
Jesús toma esa palabra humilde para describir a sus discípulos. Cuando Jacobo y Juan le piden los primeros puestos, dice: entre los gobernantes de las naciones, los grandes se imponen; «pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor». Y se pone como ejemplo: «el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos» Marcos 10:42-45. En la última cena lo repite: «¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve?… Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve» Lucas 22:26-27.
Los siete
En la iglesia de Jerusalén surge un problema: los creyentes de lengua griega se quejan de que sus viudas son desatendidas en la distribución diaria de alimentos. Los apóstoles dicen: «No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas». Piden elegir a siete hombres «de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría», y les imponen las manos Hechos 6:1-6. Entre ellos están Esteban y Felipe, que poco después aparecen predicando.
Un ministerio en las iglesias de Pablo
En las cartas de Pablo, «diáconos» ya es el nombre de un grupo de responsables. Saluda «a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos» Filipenses 1:1. Y en la primera carta a Timoteo da sus requisitos: honestos, sin doblez, no dados al mucho vino ni codiciosos, que guarden «el misterio de la fe con limpia conciencia», probados primero, maridos de una sola mujer y que gobiernen bien sus casas 1 Timoteo 3:8-13. El texto no dice cuáles eran exactamente sus tareas.