Un oficio de todos los días
En las colinas de Israel, donde no siempre se podía cultivar, la ganadería de ovejas y cabras era esencial: daba leche, lana, carne y animales para los sacrificios. Muchos personajes de la Biblia son pastores. Los hijos de Jacob lo eran y lo dicen ante el faraón, aunque «para los egipcios es abominación todo pastor de ovejas» Génesis 46:32-34. Moisés apacentaba las ovejas de su suegro cuando vio la zarza ardiente Éxodo 3:1. David era el hijo menor que estaba con el rebaño cuando Samuel fue a ungirlo 1 Samuel 16:11.
El oficio era duro y arriesgado. David cuenta a Saúl que, cuando un león o un oso se llevaba un cordero, él salía tras la fiera y se lo arrancaba de la boca 1 Samuel 17:34-35. El pastor pasaba noches al raso, contaba las ovejas y respondía por ellas.
Dios como pastor
Por eso la imagen del pastor sirvió para hablar de Dios. El salmo 23 es su forma más conocida: Dios lleva a buenos pastos y a aguas tranquilas, guía por sendas de justicia, y su vara y su cayado dan aliento incluso «en valle de sombra de muerte» Salmos 23:1-4. La vara servía para defender; el cayado, para guiar y rescatar.
El rey como pastor
En el mundo antiguo, a los reyes se les llamaba «pastores» de su pueblo. La Biblia toma la imagen y la convierte en una exigencia. Ezequiel acusa a los dirigentes de Israel: «¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos!» Comen la grasa y se visten de la lana, pero no fortalecen a la débil, no curan a la enferma ni buscan a la perdida. Por eso Dios mismo será el pastor: «Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada» Ezequiel 34:1-16. Y promete un pastor nuevo: «Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David» Ezequiel 34:23.
Jesús, el buen pastor
En el nacimiento de Jesús, los primeros en recibir la noticia son pastores que velaban de noche a su rebaño en los campos de Belén Lucas 2:8-12. Jesús usa la imagen en la parábola de la oveja perdida: el pastor deja las noventa y nueve para buscar la que se perdió, y al encontrarla la pone sobre sus hombros gozoso Lucas 15:3-7.
Y la aplica a sí mismo, respondiendo a Ezequiel: «Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas». Lo contrasta con el asalariado, que huye cuando viene el lobo porque las ovejas no son suyas, y añade: «conozco mis ovejas, y las mías me conocen… También tengo otras ovejas que no son de este redil» Juan 10:11-16.
Pastores en la Iglesia
Los responsables de las comunidades recibieron el mismo encargo. Pablo dice a los ancianos de Éfeso: «Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor» Hechos 20:28. Pedro exhorta a los ancianos: «Apacentad la grey de Dios… no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto», hasta que aparezca «el Príncipe de los pastores» 1 Pedro 5:1-4.