Una Biblia para los judíos que hablaban griego
Tras las conquistas de Alejandro Magno, el griego se convirtió en la lengua común del Mediterráneo oriental. En Alejandría, en Egipto, vivía una gran comunidad judía que ya no entendía bien el hebreo, y allí, a partir del siglo III a.C., se tradujo la Torá al griego. En los dos siglos siguientes se tradujeron los demás libros, por distintas manos y con estilos muy variados: algunos casi palabra por palabra, otros con mucha libertad.
Un escrito judío antiguo, la Carta de Aristeas, cuenta que el rey Ptolomeo II encargó la traducción a setenta y dos sabios enviados desde Jerusalén, que la terminaron en setenta y dos días. Es una leyenda que quería dar autoridad a la traducción; de ella viene el nombre.
La Biblia de la iglesia primitiva
Cuando el cristianismo se extendió por el mundo griego, la Septuaginta fue su Biblia. Los autores del Nuevo Testamento, que escribían en griego, citan con frecuencia el Antiguo Testamento en su forma, y en algunos pasajes esa forma importa.
El caso más conocido es Isaías 7:14. El hebreo dice que la almá —la joven, la muchacha— concebirá; la Septuaginta tradujo parthénos, «virgen», y así lo cita Mateo al hablar del nacimiento de Jesús Isaías 7:14 Mateo 1:22-23. Otro ejemplo: en la reunión de Jerusalén, Santiago cita a Amós para mostrar que Dios quería incluir a los gentiles, y el texto que cita —«para que el resto de los hombres busque al Señor»— sigue al griego; el hebreo habla de que Israel poseerá «el resto de Edom» Amós 9:11-12 Hechos 15:16-17.
El eunuco etíope que Felipe encuentra en el camino de Gaza lee a Isaías en voz alta, y el pasaje que Hechos reproduce coincide con la Septuaginta Hechos 8:30-33.
Libros de más
La Septuaginta incluye varios libros o partes de libros que no están en la Biblia hebrea: Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácida), Baruc y añadidos a Ester y Daniel. La Iglesia católica y las ortodoxas los aceptan como parte del Antiguo Testamento (los llaman «deuterocanónicos»); el judaísmo y las iglesias protestantes siguen el canon hebreo y los consideran «apócrifos». La diferencia de canon entre las Biblias católicas y las protestantes nace aquí.