De camino a Jerusalén, con prisa por llegar antes de Pentecostés, Pablo no entra en Éfeso: hace llamar a los ancianos de la iglesia a Mileto Hechos 20:16-17. Es el único discurso de Pablo en Hechos dirigido a cristianos, y es una despedida. Recuerda cómo vivió entre ellos, dice que va a Jerusalén «ligado en espíritu», sin saber lo que le espera salvo prisiones y tribulaciones, y que no estima preciosa su vida con tal de acabar su carrera Hechos 20:18-24. Les anuncia que no volverán a ver su rostro y los previene contra «lobos rapaces» Hechos 20:25-31. Cierra con unas palabras de Jesús que no están en ningún evangelio: «más bienaventurado es dar que recibir». Se arrodillan, oran y lloran, abrazados a su cuello Hechos 20:35-38.
El viaje sigue con advertencias. En Tiro, los discípulos le dicen por el Espíritu que no suba a Jerusalén Hechos 21:4. En Cesarea, el profeta Agabo le toma el cinto, se ata con él pies y manos y anuncia que así lo atarán los judíos en Jerusalén y lo entregarán a los gentiles. Todos le ruegan que no vaya, y Pablo responde que está dispuesto «no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús» Hechos 21:10-14.