Tres meses después siguen en otra nave alejandrina: Siracusa, Regio, Puteoli, en la bahía de Nápoles. Desde allí, por tierra, los hermanos de Roma salen a su encuentro hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; al verlos, Pablo «dio gracias a Dios y cobró aliento» Hechos 28:11-15. En Roma se le permite vivir aparte, con un soldado que lo custodia Hechos 28:16.
Como en todas partes, empieza por los judíos: convoca a los principales de la comunidad, que le dicen que no han recibido cartas contra él, pero que de esa secta se habla mal en todas partes. Discute con ellos un día entero; unos creen y otros no, y Pablo cierra con una cita de Isaías y el anuncio de que la salvación ha sido enviada a los gentiles Hechos 28:17-28.
Hechos termina aquí, sin desenlace: Pablo vive dos años enteros en una casa alquilada, recibe a todos los que van a verlo y predica el reino de Dios «abiertamente y sin impedimento» Hechos 28:30-31. Si, como piensa la tradición, escribe desde Roma la carta a los Filipenses, desde esta prisión cuenta que su situación se ha conocido en todo el pretorio y que para él «el vivir es Cristo, y el morir es ganancia» Filipenses 1:13 Filipenses 1:21.