El final del maná es tan preciso como su comienzo. Los israelitas acampan en Gilgal, en los llanos de Jericó, y celebran la Pascua. Al día siguiente comen del fruto de la tierra, panes sin levadura y espigas tostadas, y el maná cesa ese mismo día: «nunca más tuvieron maná», sino que comieron de los frutos de Canaán aquel año Josué 5:10-12.
El maná pertenece al desierto. Termina cuando el pueblo puede comer de lo que la tierra produce, y su final marca, tanto como el paso del Jordán, el comienzo de otra etapa.