El oficial del ejército de ocupación
En tiempos de Jesús, Judea estaba bajo el control de Roma, y en Galilea gobernaba Herodes Antipas con apoyo romano. Las tropas estacionadas en la región eran sobre todo auxiliares reclutados entre la población no judía de Siria y de la costa, y al frente de cada unidad había un centurión. Para un judío piadoso, un centurión era un gentil, un extranjero y un representante del poder que dominaba su tierra.
Por eso sorprende la imagen que dan los evangelios y Hechos: casi todos los centuriones que aparecen son figuras positivas.
La fe del centurión de Capernaum
Un centurión de Capernaum tiene un siervo muy enfermo. Según Lucas, envía a unos ancianos judíos a pedir ayuda a Jesús, y ellos interceden por él: «ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga» Lucas 7:1-5. Cuando Jesús se acerca a la casa, el centurión le manda decir que no es digno de que entre bajo su techo; basta una palabra, porque él también sabe lo que es la autoridad: dice a un soldado «ve», y va. Jesús se maravilla: «ni aun en Israel he hallado tanta fe» Lucas 7:6-10. Mateo cuenta la misma escena más brevemente, con el centurión hablando en persona Mateo 8:5-13.
Al pie de la cruz
Los centuriones supervisaban las ejecuciones. Marcos cuenta que el centurión que estaba frente a la cruz, al ver cómo expiró Jesús, dijo: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios» Marcos 15:39. En el evangelio de Marcos, que empieza presentando a Jesús como «Hijo de Dios», es la primera vez que un ser humano lo reconoce así, y es un gentil y un verdugo.
Cornelio y los centuriones de Hechos
Hechos presenta a Cornelio, centurión de la cohorte llamada Italiana, en Cesarea: «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa», que daba muchas limosnas y oraba siempre Hechos 10:1-2. En su casa Pedro ve descender el Espíritu sobre gentiles, y los bautiza.
Más adelante, los centuriones aparecen en torno a Pablo. Uno impide que lo azoten al saber que es ciudadano romano Hechos 22:25-26; otro, Julio, lo trata con humanidad y le permite visitar a sus amigos en Sidón Hechos 27:1-3, y durante el naufragio impide que los soldados maten a los presos para que no escapen, «queriendo salvar a Pablo» Hechos 27:42-43.