Cerca de Damasco lo rodea una luz del cielo. Cae a tierra y oye una voz: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Pregunta quién es, y la respuesta es el centro de todo lo que vendrá después: «Yo soy Jesús, a quien tú persigues» Hechos 9:3-5. Se levanta ciego y lo llevan de la mano a la ciudad; pasa tres días sin ver, sin comer ni beber Hechos 9:8-9.
En Damasco, un discípulo llamado Ananías recibe la orden de ir a buscarlo a la calle llamada Derecha. Se resiste —sabe cuánto mal ha hecho ese hombre—, y la respuesta lo define: es «instrumento escogido» para llevar el nombre de Jesús ante los gentiles, los reyes e Israel, y Dios le mostrará cuánto tendrá que padecer Hechos 9:10-16. Ananías le impone las manos llamándolo «hermano», caen de sus ojos como escamas, recobra la vista y es bautizado Hechos 9:17-18.
Hechos cuenta este episodio tres veces: una el narrador y dos el propio Pablo en sus defensas Hechos 22:6-16 Hechos 26:12-18. Los tres relatos no coinciden en todo —qué vieron y oyeron sus compañeros, quién le transmitió el encargo— y las diferencias se muestran en el panel de relatos paralelos. En el tercero aparece una frase propia: «dura cosa te es dar coces contra el aguijón», un proverbio que también conocía la literatura griega Hechos 26:14. La Reina-Valera la lee también en el primer relato Hechos 9:5, porque sigue manuscritos tardíos que la añadieron ahí; los más antiguos solo la traen en el capítulo 26.