La persecución que siguió a la muerte de Esteban dispersó a los discípulos, y en Antioquía de Siria algunos empezaron a hablar de Jesús también a los griegos, no solo a los judíos. La comunidad creció, y Jerusalén envió a Bernabé Hechos 11:19-24. Bernabé fue a buscar a Saulo a Tarso y lo trajo: enseñaron juntos un año entero, y fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó «cristianos» por primera vez Hechos 11:25-26.
Cuando el profeta Agabo anuncia una gran hambre, la iglesia de Antioquía reúne una ayuda para los hermanos de Judea y la envía con Bernabé y Saulo Hechos 11:27-30. Después, mientras los profetas y maestros de la comunidad ayunan, el Espíritu Santo ordena: «apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». Les imponen las manos y los despiden Hechos 13:1-3.