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Artemisa

También: Diana · Diana de los efesios · Ártemis · Templo de Diana · Artemisión

La diosa griega a la que estaba dedicado el gran templo de Éfeso, uno de los más famosos del mundo antiguo. La Reina-Valera la llama con su nombre latino, Diana. Su culto daba trabajo a muchos artesanos, y por eso la predicación de Pablo en Éfeso provocó un motín al grito de «¡Grande es Diana de los efesios!».

En la Biblia

El platero Demetrio, que hacía templecillos de plata de la diosa, reúne a los artesanos: si la gente deja de creer, «no solamente hay peligro de que este nuestro negocio venga a desacreditarse, sino también que el templo de la gran diosa Diana sea estimado en nada» (Hechos 19:24-27).

Etimología

Del griego Ártemis, de origen incierto. Los romanos la identificaron con su diosa Diana, y de ahí el nombre que usa la Reina-Valera. La Artemisa de Éfeso era una diosa local con rasgos propios, distinta en parte de la Artemisa cazadora de la mitología griega.

El motín de los plateros

Pablo pasó más de dos años en Éfeso, y su predicación tuvo tanto efecto que muchos dejaron la magia y quemaron sus libros Hechos 19:18-20. Eso empezó a afectar a la economía de la ciudad. Un platero llamado Demetrio, que fabricaba templecillos de plata de la diosa —recuerdos para los peregrinos—, reúne a los de su oficio y les explica el problema: Pablo dice «que no son dioses los que se hacen con las manos», y eso pone en peligro su negocio y la fama del templo de la gran diosa, «a la cual venera toda Asia, y el mundo entero» Hechos 19:23-27.

Los artesanos, llenos de ira, gritan «¡Grande es Diana de los efesios!». La ciudad entera se alborota, arrastran a dos compañeros de Pablo al teatro y, durante unas dos horas, la multitud repite el mismo grito Hechos 19:28-34.

Finalmente, el secretario de la ciudad calma a la gente: todo el mundo sabe que Éfeso es «guardiana del templo de la gran diosa Diana, y de la imagen venida de Júpiter»; estos hombres no han robado templos ni blasfemado contra la diosa; si hay quejas, que se lleven a los tribunales, porque corren el peligro de ser acusados de sedición Hechos 19:35-41.

Lo que estaba en juego

El episodio muestra que la idolatría no era solo una cuestión de creencias: estaba unida a la economía, al orgullo cívico y a la identidad de una ciudad. Pablo no había atacado el templo; había anunciado que los dioses hechos por manos humanas no son dioses, la misma convicción que expresa en sus cartas: «sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios» 1 Corintios 8:4-6.

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