Enseguida empieza a predicar en las sinagogas de Damasco que Jesús es el Hijo de Dios, y la gente no sale de su asombro: es el mismo que perseguía a los que invocaban ese nombre Hechos 9:20-22. Pasado un tiempo, algunos judíos deciden matarlo y vigilan las puertas de la ciudad; sus discípulos lo bajan de noche por el muro en una canasta Hechos 9:23-25.
Pablo cuenta la misma huida con otro perseguidor: el gobernador del rey Aretas custodiaba la ciudad para prenderlo, y lo descolgaron en un canasto por una ventana del muro 2 Corintios 11:32-33. Y añade en otra carta algo que Hechos no dice: antes de volver a Damasco había ido a Arabia Gálatas 1:17.
En Jerusalén los discípulos le tienen miedo y no creen que sea uno de ellos. Bernabé lo toma consigo, lo presenta a los apóstoles y responde por él Hechos 9:26-28. Pablo recuerda esa visita de otro modo: fue a conocer a Pedro, se quedó quince días con él y no vio a otro apóstol salvo a Jacobo, el hermano del Señor; y lo jura Gálatas 1:18-20. Cuando los judíos de lengua griega intentan matarlo, los hermanos lo llevan a Cesarea y lo envían a Tarso Hechos 9:29-30. Durante los años siguientes, según él mismo, anduvo por Siria y Cilicia, y las iglesias de Judea solo sabían de oídas que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe Gálatas 1:21-24.