En Cesarea lo acusan de ser «una plaga» y cabecilla de «la secta de los nazarenos». Pablo responde que sirve al Dios de sus padres según el Camino que ellos llaman herejía, creyendo todo lo que está escrito en la ley y los profetas Hechos 24:5-14. Félix aplaza la causa. Lo escucha a veces con su mujer Drusila, se espanta cuando Pablo le habla de justicia, dominio propio y juicio venidero, y lo retiene dos años esperando que le den dinero Hechos 24:22-27.
Su sucesor, Festo, le propone ser juzgado en Jerusalén. Pablo se niega: está ante el tribunal del César y ahí debe ser juzgado. «A César apelo». «A César has apelado; a César irás» Hechos 25:9-12.
Antes del viaje, Festo presenta el caso al rey Agripa II. Pablo vuelve a contar su vida y su encuentro en el camino de Damasco Hechos 26:1-23. Festo lo interrumpe —«estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco»— y Agripa responde a la pregunta directa de Pablo con una frase ambigua: «por poco me persuades a ser cristiano» Hechos 26:24-28. La conclusión de los dos gobernantes es que podía haber sido liberado si no hubiera apelado al César Hechos 26:30-32.