A los quince días del segundo mes de la salida de Egipto, el pueblo llega al desierto de Sin, entre Elim y el Sinaí, y murmura contra Moisés y Aarón: ojalá hubieran muerto en Egipto, sentados junto a las ollas de carne y comiendo pan hasta saciarse Éxodo 16:1-3. Dios responde con un anuncio y una prueba: «Yo os haré llover pan del cielo», y el pueblo saldrá a recoger cada día la porción del día, para ver si anda en su ley o no Éxodo 16:4.
Por la tarde llegan las codornices y cubren el campamento; por la mañana hay una capa de rocío alrededor Éxodo 16:13. Cuando el rocío se evapora, queda sobre el desierto «una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra». Los israelitas se preguntan unos a otros qué es, porque no lo saben, y Moisés les dice: «Es el pan que Jehová os da para comer» Éxodo 16:14-15.