En el principio
Antes del sol y de las estrellas, que aparecen en el cuarto día, Dios dice: «Sea la luz; y fue la luz», y separa la luz de las tinieblas Génesis 1:3-5. En un mundo antiguo donde el sol era un dios, el Génesis lo presenta como una simple «lumbrera» puesta por Dios Génesis 1:14-16: la luz depende de Dios, no del astro.
Imagen de Dios y de su palabra
En los Salmos, la luz es la guía de Dios: «Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» Salmos 119:105; «Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?» Salmos 27:1. En el desierto, Dios guía a Israel de noche con una columna de fuego (véase columna de nube y de fuego). Los profetas anuncian la salvación como un amanecer: «El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz» Isaías 9:2, y el siervo de Jehová será «luz de las naciones» Isaías 49:6.
La luz del mundo
Juan presenta a Jesús como la luz verdadera que «alumbra a todo hombre» y que las tinieblas no pudieron apagar Juan 1:4-9. Jesús lo dice de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» Juan 8:12. Pero también se lo dice a sus discípulos: «Vosotros sois la luz del mundo» Mateo 5:14. Las cartas usan la oposición luz/tinieblas para describir la conversión —«en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz» Efesios 5:8— y para hablar de Dios: «Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él» 1 Juan 1:5.