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Teofanía

También: Teofanías · Aparición de Dios · Shekiná · Shekinah · Ver a Dios · Cristofanía

Manifestación de Dios de forma perceptible a los sentidos: en fuego, en una nube, en una voz, en forma humana o por medio del ángel de Jehová. La Biblia las cuenta como momentos decisivos —la zarza ardiente, el Sinaí, Isaías en el templo—, a la vez que insiste en que nadie puede ver a Dios y vivir.

En la Biblia

Las teofanías suelen ir acompañadas de fuego, nube, temblor y miedo: en el Sinaí, «todo el monte humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego» (Éxodo 19:18). Juan resume la novedad del Nuevo Testamento: «A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo… él le ha dado a conocer» (Juan 1:18).

Etimología

Del griego theopháneia, «aparición de un dios» (theós, «dios», y phaínō, «mostrar»). La palabra no está en la Biblia; la usan los teólogos para agrupar estos relatos. El judaísmo posterior habló de la shekiná, la «presencia» o «morada» de Dios entre su pueblo, palabra emparentada con el verbo hebreo shākan, «habitar».

Formas de aparecer

  • En forma humana. Tres visitantes llegan a la tienda de Abraham en Mamre, y el texto dice que «le apareció Jehová» Génesis 18:1-2. Jacob lucha de noche con un hombre y llama al lugar Peniel: «Vi a Dios cara a cara» Génesis 32:30.
  • En el fuego. En la zarza ardiente el ángel de Jehová aparece en una llama, y Moisés cubre su rostro «porque tuvo miedo de mirar a Dios» Éxodo 3:2-6.
  • En la tormenta. En el Sinaí, truenos, relámpagos, nube espesa, sonido de bocina y el monte que tiembla Éxodo 19:16-20.
  • En la nube y la gloria que llenan el tabernáculo y luego el templo (véase gloria).
  • En el silencio. A Elías, en el Horeb, Dios no le habla en el viento, el terremoto ni el fuego, sino en «un silbo apacible y delicado» 1 Reyes 19:11-13.
  • En visión. Isaías ve «al Señor sentado sobre un trono alto y sublime» y exclama: «¡Ay de mí! que soy muerto» Isaías 6:1-5.

Ver y no ver

Los textos sostienen una tensión. Moisés hablaba con Dios «cara a cara, como habla cualquiera a su compañero» Éxodo 33:11, y sin embargo, cuando pide ver su gloria, Dios responde: «No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá», y solo le deja ver «las espaldas» Éxodo 33:18-23. Quien ve a Dios en estos relatos se asombra de seguir vivo. Juan retoma la tensión y la resuelve en Jesús: nadie ha visto a Dios, pero el Hijo lo ha dado a conocer Juan 1:18; «el que me ha visto a mí, ha visto al Padre» Juan 14:9.

Dios es uno e invisible, y en estas apariciones se da a ver sin dejar de serlo. El Nuevo Testamento presenta a Jesucristo como la manifestación plena de ese mismo Dios: «Dios fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16.

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