Formas de aparecer
- En forma humana. Tres visitantes llegan a la tienda de Abraham en Mamre, y el texto dice que «le apareció Jehová» Génesis 18:1-2. Jacob lucha de noche con un hombre y llama al lugar Peniel: «Vi a Dios cara a cara» Génesis 32:30.
- En el fuego. En la zarza ardiente el ángel de Jehová aparece en una llama, y Moisés cubre su rostro «porque tuvo miedo de mirar a Dios» Éxodo 3:2-6.
- En la tormenta. En el Sinaí, truenos, relámpagos, nube espesa, sonido de bocina y el monte que tiembla Éxodo 19:16-20.
- En la nube y la gloria que llenan el tabernáculo y luego el templo (véase gloria).
- En el silencio. A Elías, en el Horeb, Dios no le habla en el viento, el terremoto ni el fuego, sino en «un silbo apacible y delicado» 1 Reyes 19:11-13.
- En visión. Isaías ve «al Señor sentado sobre un trono alto y sublime» y exclama: «¡Ay de mí! que soy muerto» Isaías 6:1-5.
Ver y no ver
Los textos sostienen una tensión. Moisés hablaba con Dios «cara a cara, como habla cualquiera a su compañero» Éxodo 33:11, y sin embargo, cuando pide ver su gloria, Dios responde: «No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá», y solo le deja ver «las espaldas» Éxodo 33:18-23. Quien ve a Dios en estos relatos se asombra de seguir vivo. Juan retoma la tensión y la resuelve en Jesús: nadie ha visto a Dios, pero el Hijo lo ha dado a conocer Juan 1:18; «el que me ha visto a mí, ha visto al Padre» Juan 14:9.
Dios es uno e invisible, y en estas apariciones se da a ver sin dejar de serlo. El Nuevo Testamento presenta a Jesucristo como la manifestación plena de ese mismo Dios: «Dios fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16.