También: Dedicación · Janucá · Hanukkah · Jánuca · Fiesta de las luces · Encenias
Fiesta judía de ocho días, en invierno (mes de Quisleu, noviembre-diciembre), que recuerda la nueva consagración del templo de Jerusalén en 164 a. C., después de que el rey seléucida Antíoco IV lo profanara. Hoy se conoce como Janucá. El Nuevo Testamento la menciona una vez: Jesús estaba en el templo durante esa fiesta.
En la Biblia
«Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón» (Juan 10:22-23). Allí le piden que diga abiertamente si él es el Cristo.
Etimología
Del hebreo janucá, «dedicación, inauguración», del verbo janak, «inaugurar, estrenar». Es la misma palabra que se usa para la dedicación del altar, del templo de Salomón o de los muros de Jerusalén. El griego de Juan dice τὰ ἐγκαίνια ta enkaínia, «la renovación».
Qué es una «dedicación»
En la Biblia, «dedicar» (janak) es inaugurar algo para Dios: ponerlo en uso por primera vez con sacrificios y fiesta. Los
jefes de las tribus traen ofrendas «para la dedicación del altar» del tabernáculo Números 7:10-11; Salomón
y el pueblo dedican el templo recién construido 1 Reyes 8:63; los que vuelven del exilio celebran «con
gozo» la dedicación del segundo templo Esdras 6:16-17, y Nehemías, la de los muros de Jerusalén
Nehemías 12:27.
La fiesta de la Dedicación del Nuevo Testamento recuerda otra de esas inauguraciones, la más reciente para los judíos de
tiempos de Jesús: la del templo purificado después de su profanación.
La historia que recuerda
Esta historia no está en el Antiguo Testamento hebreo: la cuentan los libros de los Macabeos, que forman parte de la Biblia
católica y ortodoxa, pero no del canon judío ni del protestante.
Jesús en la fiesta
Juan es el único que menciona la fiesta: «Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús
andaba en el templo por el pórtico de Salomón». Los judíos lo rodean y le dicen: «¿Hasta cuándo nos turbarás el alma? Si
tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús responde que sus obras dan testimonio de él y termina: «Yo y el Padre uno
somos» Juan 10:22-30. Inmediatamente intentan apedrearlo por blasfemia (10:31-33).
El evangelio no explica la relación entre la fiesta y la conversación; solo sitúa la escena. Pero el lector que conoce la
fiesta sabe que el templo donde Jesús camina es el mismo cuya consagración se está celebrando.