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Rabí

También: Rabbí · Rabino · Raboni · Rabbuní · Maestro

Tratamiento de respeto que en el judaísmo del siglo I se daba a un maestro de la Ley: significa «mi maestro» o «mi señor». Los evangelios lo usan sobre todo para dirigirse a Jesús, y Juan también a Juan el Bautista. Solo después de la destrucción del templo, en el año 70, se convirtió en un título formal para los maestros ordenados del judaísmo rabínico.

En la Biblia

Los primeros discípulos preguntan a Jesús: «Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?» (Juan 1:38). Nicodemo le dice «Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro» (Juan 3:2). Jesús critica a los escribas que aman que los llamen «Rabí» (Mateo 23:7-8). Judas lo saluda con esa palabra al entregarlo (Mateo 26:49).

Etimología

Del hebreo y arameo רַבִּי rabbí, formado por rab, «grande, señor», y el sufijo -i, «mi»: literalmente «mi grande», «mi señor». Una forma más enfática es rabbuní, que María Magdalena dice a Jesús en la mañana de la resurrección. Los evangelios griegos transcriben la palabra y a veces la traducen: «Rabí (que traducido es, Maestro)».

«Maestro mío»

En los evangelios, «Rabí» es la manera más frecuente de dirigirse a Jesús. Los dos primeros discípulos que lo siguen le preguntan: «Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?» Juan 1:38, y el evangelista traduce la palabra para sus lectores griegos. Natanael lo llama «Rabí» y en la misma frase «Hijo de Dios» y «Rey de Israel» Juan 1:49. Nicodemo, un fariseo principal, lo reconoce como maestro venido de Dios Juan 3:2. También los discípulos de Juan el Bautista llaman así a su maestro Juan 3:26.

Pedro lo usa en la transfiguración Marcos 9:5, y el ciego Bartimeo, en su forma más intensa, rabbuní: «Maestro, que recobre la vista» Marcos 10:51. Es la misma palabra que dice María Magdalena cuando reconoce al resucitado que la llama por su nombre Juan 20:16.

«No queráis que os llamen Rabí»

Jesús critica a los escribas y fariseos que aman los primeros asientos y los saludos en las plazas, y que los hombres los llamen «Rabí, Rabí». A sus discípulos les dice lo contrario: «vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos» Mateo 23:6-10. El problema no es la palabra, sino el honor que se busca con ella.

En boca de Judas

Mateo hace notar un detalle: en la última cena, los demás discípulos preguntan «¿Soy yo, Señor?», pero Judas dice «¿Soy yo, Maestro?» —«Rabí»— Mateo 26:25. Y en Getsemaní lo entrega con esa misma palabra y un beso: «¡Salve, Maestro!» Mateo 26:49. En Mateo, ningún discípulo fiel llama a Jesús «Rabí»; es el tratamiento que usa el traidor.

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