Profetas en grupo
Además de los grandes profetas que conocemos por su nombre, el Antiguo Testamento habla de grupos de profetas. En tiempos de Samuel, Saúl se encuentra con «una compañía de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa», que profetizan, y el Espíritu viene también sobre él 1 Samuel 10:5-12. Más tarde, Samuel aparece presidiendo una de esas compañías en Ramá 1 Samuel 19:20.
En la época de Elías y Eliseo, en el siglo IX a. C., estos grupos se llaman «hijos de los profetas». Uno de ellos, por ejemplo, transmite una palabra de Dios al rey Acab con una parábola en acción 1 Reyes 20:35.
Alrededor de Elías y Eliseo
Los hijos de los profetas vivían en comunidades en varias ciudades: Betel, Jericó, Gilgal. Cuando Elías va a ser llevado al cielo, los de Betel y los de Jericó salen al encuentro de Eliseo para decirle que su señor le será quitado; cincuenta de ellos miran de lejos cómo Elías y Eliseo cruzan el Jordán. Al ver regresar a Eliseo, que había partido las aguas con el manto de su maestro, reconocen: «El espíritu de Elías reposó sobre Eliseo», y se postran ante él 2 Reyes 2:3-15.
Eliseo se convierte en su cabeza, y los relatos muestran una vida comunitaria sencilla y pobre:
- La viuda endeudada. La viuda de uno de ellos acude a Eliseo porque el acreedor va a llevarse a sus dos hijos como esclavos; Eliseo multiplica su aceite para que pague la deuda 2 Reyes 4:1-7.
- El potaje. En tiempo de hambre, en Gilgal, ponen una olla para los profetas y alguien echa sin saberlo calabazas silvestres venenosas; «¡Varón de Dios, hay muerte en esa olla!». Eliseo echa harina y el guiso queda sano 2 Reyes 4:38-41.
- El hacha prestada. El lugar donde viven con Eliseo se les queda estrecho, y van al Jordán a cortar vigas para hacer otro. A uno se le cae al agua el hierro de un hacha prestada; Eliseo lo hace flotar 2 Reyes 6:1-7.
Vivían juntos, comían juntos y construían juntos; tenían familia, deudas y herramientas prestadas.
«No soy profeta, ni hijo de profeta»
Un siglo después, el profeta Amós, enfrentado al sacerdote de Betel, que le dice que se vaya a profetizar a Judá, responde: «No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres; y Jehová me tomó de detrás del ganado» Amós 7:14-15. Amós no pertenecía a ningún grupo profético ni vivía de la profecía: Dios lo había llamado directamente.