Una bebida de la tierra
Las colinas de Israel estaban cubiertas de viñas, y el vino era, con el trigo y el aceite, uno de los tres productos básicos de la tierra. Cuando Dios promete bendecir a su pueblo, nombra los tres: «bendecirá… tu grano, tu mosto, tu aceite» Deuteronomio 7:13. El salmo agradece a Dios que haga brotar de la tierra «el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre» Salmos 104:14-15.
La viña era tan importante que se convirtió en imagen del pueblo. Isaías canta la canción de un amigo que plantó una viña con todo cuidado, y esperaba uvas buenas, pero dio uvas silvestres: «la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel» Isaías 5:1-7. Jesús retoma la imagen: «Yo soy la vid verdadera… vosotros los pámpanos» Juan 15:1-5.
Fiesta y culto
El vino era la bebida de la fiesta. Formaba parte de las ofrendas: se derramaba como libación con los sacrificios Números 15:5. Y era imprescindible en las bodas. En Caná, cuando se acaba el vino —una vergüenza para la familia del novio—, Jesús convierte en vino el agua de seis tinajas de piedra, y el maestresala comenta que el novio ha reservado el buen vino para el final Juan 2:1-11. Juan lo llama la primera de las señales de Jesús.
Jesús usa también imágenes de la vinificación. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino que todavía fermenta los rompe: «el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar» Marcos 2:22. Y en la última cena, la copa de vino se convierte en la copa del nuevo pacto; Jesús anuncia que no beberá más «de este fruto de la vid» hasta beberlo nuevo en el reino de su Padre Mateo 26:27-29.
La advertencia
La Biblia no esconde los peligros del vino. El primer relato es el de Noé, que planta una viña, se embriaga y queda desnudo en su tienda, con consecuencias para su familia Génesis 9:20-21. Proverbios lo dice sin rodeos: «El vino es escarnecedor, la sidra alborotadora» Proverbios 20:1, y describe al borracho con detalle: ojos enrojecidos, heridas sin saber de dónde, visiones extrañas, «y dirás: Me hirieron, mas no me dolió… cuando despertare, aún lo volveré a buscar» Proverbios 23:29-35. Pablo pide: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu» Efesios 5:18.
Los nazareos, consagrados a Dios por un voto, renunciaban por completo al vino y a todo lo que viniera de la vid Números 6:2-4. Pero la abstinencia no era la norma general: Pablo aconseja a Timoteo que no beba solo agua, sino que use «un poco de vino por causa de tu estómago» 1 Timoteo 5:23.