Pocos libros de la Biblia están tan fechados como el de Hageo: sus cuatro mensajes llevan día, mes y año, y caben en menos de cuatro meses, entre finales de agosto y mediados de diciembre de 520 a.C. De Hageo no se sabe nada más que eso y su título, «el profeta» Hageo 1:1. El libro de Esdras lo menciona junto a Zacarías como los dos profetas que animaron la obra del templo Esdras 5:1.
Hageo llama a reconstruir el templo de Jerusalén
Hageo 1:1-15 Leer esta escena aparte →El primer día del sexto mes, Hageo lleva un mensaje al gobernador Zorobabel y al sumo sacerdote Josué. El pueblo dice que no ha llegado el tiempo de reedificar la casa de Jehová Hageo 1:1-2. La respuesta es una pregunta: ¿es para vosotros tiempo de vivir en vuestras casas artesonadas, mientras esta casa está desierta? Hageo 1:3-4.
Hageo relaciona esa desidia con la situación económica que todos padecían. Siembran mucho y recogen poco, comen y no se sacian, beben y no se llenan, se visten y no se calientan, y el que trabaja a jornal pone su salario en saco roto Hageo 1:5-6. Buscan mucho y hallan poco, porque la casa de Dios está desierta y cada uno corre a la suya Hageo 1:9-11.
Esta vez el mensaje funciona. Zorobabel, Josué y todo el resto del pueblo oyen la voz de Dios y temen, y Hageo, «el mensajero de Jehová», les da una palabra breve: «Yo estoy con vosotros» Hageo 1:12-13. El día veinticuatro del mismo mes de su primer mensaje empiezan a trabajar en la casa Hageo 1:14-15.
Hageo y el segundo templo: «el Deseado de todas las naciones»
Hageo 2:1-9 Leer esta escena aparte →Menos de un mes después, el último día de la fiesta de los Tabernáculos, aparece el desánimo. Hageo pregunta: ¿quién queda entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es como nada delante de vuestros ojos? Hageo 2:1-3. Esdras cuenta que, cuando se pusieron los cimientos, los ancianos que habían conocido el templo de Salomón lloraban a gritos mientras los demás gritaban de alegría Esdras 3:12.
El mensaje de Hageo es de ánimo: esfuérzate, Zorobabel; esfuérzate, Josué; esforzaos, pueblo de la tierra, y trabajad, porque yo estoy con vosotros Hageo 2:4. Dios hará temblar los cielos y la tierra y a todas las naciones, y vendrá «el Deseado de todas las naciones»; llenará de gloria esta casa, y su gloria será mayor que la de la primera Hageo 2:6-9.
Hageo pregunta a los sacerdotes sobre lo santo y lo impuro
Hageo 2:10-19 Leer esta escena aparte →Dos meses después, Hageo plantea a los sacerdotes una consulta de la ley. Si alguien lleva carne consagrada en la falda de su ropa y con ella toca pan, guiso, vino o aceite, ¿quedan santificados? Los sacerdotes responden que no. ¿Y si alguien impuro por haber tocado un cadáver toca cualquiera de esas cosas, quedan impuras? Responden que sí Hageo 2:11-13. La aplicación es inmediata: así es este pueblo delante de mí, y todo lo que ofrecen es inmundo Hageo 2:14. La santidad no se transmite por contacto; la impureza, sí.
El oráculo termina con una promesa fechada. Hasta ahora, las cosechas daban la mitad de lo esperado; desde este día, en que se echan los cimientos del templo, Dios bendecirá Hageo 2:15-19.
Hageo promete a Zorobabel: «te pondré como anillo de sellar»
Hageo 2:20-23 Leer esta escena aparte →El mismo día, Hageo recibe un último mensaje, solo para Zorobabel. Dios hará temblar los cielos y la tierra, derribará el trono de los reinos y destruirá su fuerza, y en aquel día tomará a Zorobabel, su siervo, y lo pondrá como anillo de sellar, porque lo ha escogido Hageo 2:21-23.
Lo que vino después
El templo se terminó el tercer día del mes de adar del sexto año de Darío, en la primavera de 515 a.C., y Esdras lo atribuye expresamente a la profecía de Hageo y de Zacarías Esdras 6:14-15. Es el llamado «segundo templo», el que Herodes el Grande ampliaría siglos después y en el que enseñó Jesús.
La carta a los Hebreos cita la promesa de Hageo de hacer temblar una vez más el cielo y la tierra, y la entiende como el anuncio de un reino que no puede ser conmovido Hebreos 12:26-28 Hageo 2:6.