Cuando Abram llega a Siquem, el narrador anota un dato que después pesará mucho: el cananeo estaba entonces en la tierra Génesis 12:6. La tierra prometida no estaba vacía. La habitaban pueblos con ciudades amuralladas, reyes, templos, comercio y una cultura milenaria, y entre ellos destacaban los cananeos, que dieron su nombre a la tierra entera. Esta ficha cuenta quiénes eran antes de que llegara Israel, cómo vivían, en qué creían y qué fue de ellos.
El nombre de los cananeos
Kəna’an es un nombre muy antiguo: aparece en textos del segundo milenio a.C. hallados en Mari, Alalakh y Amarna, en formas como Kinaḥḫu o Kinaḥni. Se lo ha relacionado con una palabra para «púrpura», el tinte que se fabricaba en la costa y que fue su gran producto de exportación, y también con una raíz que significa «bajo», como «tierra baja». Ninguna de las dos explicaciones está demostrada.
La palabra tuvo en hebreo un segundo sentido: «cananeo» pasó a significar «mercader» Proverbios 31:24, y Oseas llama «cananeo» a Efraín para acusarlo de comerciar con balanza falsa Oseas 12:7. Es un eco de lo que los cananeos de la costa fueron durante siglos: comerciantes.
Origen de los cananeos
Según la Tabla de las naciones, Canaán es hijo de Cam y padre de Sidón, de Het y de varios de los pueblos de la tierra Génesis 10:15-19. El relato de la maldición de Noé sobre Canaán Génesis 9:25-27 anticipa, en la narración, el conflicto posterior con Israel. Es una tradición de origen que explica relaciones, no una genealogía histórica: en ella, los cananeos aparecen emparentados con Egipto y Cus, mientras que su lengua era semítica, como la de Israel.
Cómo se organizaban los cananeos
Canaán no fue nunca un Estado. Era un mosaico de ciudades-estado, cada una con su rey, su palacio, su templo y su territorio agrícola, a menudo enfrentadas entre sí. En el siglo XIV a.C., esos reyes escribían al faraón como vasallos: las cartas de Amarna conservan sus quejas mutuas, sus acusaciones de traición y sus peticiones de tropas. Los «reyes» que Josué derrota uno a uno Josué 12:7-24 son reyes de ciudad, no de naciones.
Vivían de la agricultura de las llanuras y los valles (cereal, vino y aceite), del comercio entre Egipto, Siria y Mesopotamia, y en la costa, del mar. Tenían carros de guerra, que la Biblia recuerda como el arma que Israel no podía vencer en el llano Josué 17:16.
La religión de los cananeos
Lo que más preocupa al texto bíblico de los cananeos es su culto. Deuteronomio manda destruir sus altares, sus piedras rituales y sus imágenes de Asera Deuteronomio 7:5, y la historia de Israel en la tierra es, en buena parte, la de su atracción por Baal. Los jueces lo repiten como un estribillo: Israel sirvió a los baales Jueces 2:11-13. El texto acusa además a los pueblos de Canaán de prácticas como el sacrificio de hijos Deuteronomio 12:31.
Cananeos e Israel
Los mandatos son tajantes: no hacer pacto con ellos ni casarse con ellos Deuteronomio 7:2-3. Pero los propios libros históricos cuentan otra cosa. Jueces enumera ciudad por ciudad dónde los cananeos siguieron viviendo, a veces sometidos a trabajos forzados Jueces 1:27-28. Judá se casa con una cananea Génesis 38:2, Rahab, de Jericó, queda dentro de Israel Josué 6:25 y Salomón todavía impone trabajos a los restos de esos pueblos 1 Reyes 9:20-21.
El fin de los cananeos
Hacia el 1200 a.C., el mundo de las ciudades cananeas se derrumba: se retira Egipto, llegan los filisteos a la costa sur, surgen Israel en la montaña y los arameos en Siria. Con la monarquía, los cananeos del interior dejan de aparecer como pueblo independiente y se van fundiendo con Israel, al que ya habían aportado su lengua, su alfabeto y buena parte de su cultura material.
En la costa norte, en cambio, la cultura cananea sigue viva durante siglos: son los fenicios de Tiro y Sidón, que se llamaban a sí mismos cananeos y llevaron su alfabeto y su comercio por todo el Mediterráneo. En el Nuevo Testamento, Mateo llama «cananea» a la mujer de la región de Tiro y Sidón que pide a Jesús que cure a su hija Mateo 15:22; Marcos la llama sirofenicia Marcos 7:26.