Un enviado
«Ángel» no dice qué es alguien, sino qué hace: lleva un mensaje. El mismo término hebreo sirve para los emisarios de Jacob Génesis 32:3 y para los seres que visitan a Abraham. Muchas veces, en el relato, los ángeles parecen hombres a primera vista: los que llegan a Sodoma comen en casa de Lot y duermen allí Génesis 19:1-3, y Hebreos recuerda que algunos, por ser hospitalarios, «hospedaron ángeles» sin saberlo Hebreos 13:2.
El ángel de Jehová
Una figura del Antiguo Testamento plantea una cuestión especial: «el ángel de Jehová». Se aparece a Agar en el desierto, le habla en primera persona como si fuera Dios mismo, y ella llama al que le habló «Tú eres Dios que ve» Génesis 16:7-13. En la zarza, «se le apareció el ángel de Jehová en una llama de fuego», y a continuación es Dios quien habla y dice «Yo soy el Dios de tu padre» Éxodo 3:2-6. El texto pasa del ángel a Dios sin transición, porque no son dos: es el único Dios Deuteronomio 6:4 que se manifiesta de forma visible, el mismo que después «fue manifestado en carne» 1 Timoteo 3:16.
Otros seres celestiales
La Biblia menciona otros seres del entorno de Dios que no siempre se llaman ángeles: los querubines, guardianes del Edén y del arca; los serafines de Isaías, con seis alas, que proclaman «Santo, santo, santo» Isaías 6:2-3; los «hijos de Dios» que se presentan ante él en el libro de Job Job 1:6; los «ejércitos» celestiales de la expresión «Jehová de los ejércitos».
Solo en los libros más tardíos aparecen ángeles con nombre y con funciones definidas. En Daniel, Gabriel explica las visiones y Miguel es «uno de los principales príncipes», protector de Israel Daniel 10:13 Daniel 12:1.
En el Nuevo Testamento
Los ángeles acompañan los momentos decisivos del relato. Gabriel anuncia a Zacarías el nacimiento de Juan y a María el de Jesús Lucas 1:26-38; una multitud de ángeles alaba a Dios ante los pastores de Belén Lucas 2:13-14; un ángel anuncia a las mujeres en el sepulcro que Jesús ha resucitado Mateo 28:5-6. En Hechos, un ángel abre la cárcel a Pedro Hechos 12:7-10.
Pero el Nuevo Testamento también marca límites. Hebreos insiste en que el Hijo es superior a los ángeles, que son «espíritus ministradores, enviados para servicio» Hebreos 1:4 Hebreos 1:14. Colosenses advierte contra el «culto a los ángeles» Colosenses 2:18, y en el Apocalipsis, cuando Juan se postra ante el ángel que le habla, este lo detiene: «Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo… Adora a Dios» Apocalipsis 19:10.