Un gesto con todo el cuerpo
En la Biblia, adorar es en primer lugar un gesto: inclinarse, arrodillarse, postrarse con el rostro en tierra. Cuando el siervo de Abraham encuentra a Rebeca y entiende que Dios lo ha guiado, «se inclinó, y adoró a Jehová» Génesis 24:26-27. El salmo invita: «Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor» Salmos 95:6. El cuerpo dice lo que el corazón reconoce: que Dios es grande y nosotros, sus criaturas.
Solo a Dios
El primer mandamiento lo deja claro: «No tendrás dioses ajenos delante de mí… No te inclinarás a ellas, ni las honrarás» Éxodo 20:3-5. Postrarse ante una imagen o ante otro dios es idolatría. Jesús responde con este principio a la tentación del diablo, que le ofrece todos los reinos a cambio de que lo adore: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás» Mateo 4:10.
Por eso el Nuevo Testamento muestra a personas que rechazan ser adoradas. Cuando Cornelio se postra ante Pedro, este lo levanta: «Levántate, pues yo mismo también soy hombre» Hechos 10:25-26. Y cuando Juan cae a los pies del ángel que le mostró las visiones, el ángel le dice: «Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo… Adora a Dios» Apocalipsis 22:8-9.
En espíritu y en verdad
La samaritana plantea a Jesús la gran discusión entre judíos y samaritanos: ¿dónde hay que adorar, en el monte Gerizim o en Jerusalén? Jesús responde que viene la hora en que no será en ninguno de los dos, sino que «los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad… Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» Juan 4:19-24. La adoración no depende de un lugar, sino de la relación con Dios.
Pablo lleva la idea a toda la vida: presentar los cuerpos «en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional» Romanos 12:1. El culto ya no es solo lo que se hace en el templo, sino cómo se vive.
Adoración en el cielo
El Apocalipsis muestra la adoración del cielo: los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, echan sus coronas y dicen: «Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas» Apocalipsis 4:10-11. El salmo ya lo pedía: «Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad» Salmos 29:2.
Jesús recibe adoración
Los evangelios cuentan varias veces que alguien se postró ante Jesús, y él no lo rechaza: los magos en Belén Mateo 2:11, los discípulos en la barca tras calmarse el viento («Verdaderamente eres Hijo de Dios») Mateo 14:33, las mujeres ante el resucitado Mateo 28:9. Hebreos aplica a Jesús las palabras «Adórenle todos los ángeles de Dios» Hebreos 1:6.
Que Jesús acepte la adoración que Pedro y el ángel rechazan muestra quién es: el único Dios manifestado en carne 1 Timoteo 3:16, al que solo se debe adoración Mateo 4:10.