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Exilio

También: Cautiverio · Destierro · Deportación · Cautiverio babilónico · Diáspora · Dispersión · Golá

La deportación de la población de Israel y de Judá por las grandes potencias de Mesopotamia: primero la del reino del norte por Asiria (722 a.C.) y, sobre todo, la de Judá a Babilonia (597 y 587/586 a.C.), con la destrucción de Jerusalén y del templo. El exilio babilónico, que termina con el edicto de Ciro (538 a.C.), es una de las experiencias que más marcaron la Biblia hebrea.

En la Biblia

La Ley ya advertía que la infidelidad acabaría en dispersión entre las naciones (Deuteronomio 28:63-64). Samaria cae en 722 a.C. (2 Reyes 17:6), y Jerusalén en 587/586 a.C. (2 Reyes 25:8-11). Jeremías anuncia setenta años (Jeremías 29:10), el Salmo 137 llora junto a los ríos de Babilonia, y Ciro permite el regreso (Esdras 1:1-4). Mateo divide la genealogía de Jesús en torno a «la deportación a Babilonia» (Mateo 1:17).

Etimología

Del latín exsilium, «destierro». El hebreo usa la raíz galá, «descubrir, quedar desnudo» y de ahí «ser deportado»: el país queda vacío. De ella salen golá y galut, «el exilio» y también «los exiliados». La Reina-Valera suele decir «cautiverio» o «transportación» (Mateo 1:11-12, «la deportación a Babilonia»). El griego diasporá, «dispersión», nombra a los judíos que siguieron viviendo fuera de la tierra.

Dos deportaciones

Los imperios de Mesopotamia aplicaban una política eficaz para dominar a los pueblos rebeldes: deportar a sus élites y repoblar su tierra con gente de otras regiones. Israel la sufrió dos veces.

El norte, ante Asiria. En 722 a.C., tras un asedio de tres años, el rey de Asiria toma Samaria y lleva a los israelitas a Asiria y a las ciudades de los medos. El texto da la razón: «los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios, que los sacó de tierra de Egipto» 2 Reyes 17:6-7. En su lugar se instala población extranjera, de la que la tradición hará derivar a los samaritanos.

Judá, ante Babilonia. Más de un siglo después le toca al sur. En 597 a.C. Nabucodonosor lleva a Babilonia al rey Joaquín, a los nobles, a los guerreros y a los artesanos, «no quedó nadie, excepto los pobres del pueblo de la tierra» 2 Reyes 24:10-16. Entre los deportados está el sacerdote Ezequiel Ezequiel 1:1-3. En 587/586 a.C., tras una nueva rebelión, los babilonios queman el templo, el palacio y las casas de Jerusalén, derriban sus murallas y deportan a otra parte de la población 2 Reyes 25:8-11.

Sin tierra, sin rey, sin templo

El exilio destruyó los tres pilares visibles de la fe de Judá: la tierra prometida, la dinastía de David y el templo donde Dios había puesto su nombre. La pregunta era inevitable: ¿los había abandonado Dios, o los dioses de Babilonia eran más fuertes?

La respuesta de la Biblia es que el exilio fue un juicio, no una derrota de Dios. La Ley lo había advertido: la desobediencia llevaría a que Dios esparciera a Israel «por todos los pueblos» Deuteronomio 28:63-64, y los profetas lo anunciaron durante generaciones. Los libros de Reyes pueden leerse como una larga explicación de por qué ocurrió.

Cantar en tierra extraña

El dolor quedó en la poesía. El Salmo 137 comienza: «Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion», y los captores les piden canciones: «¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños?» Salmos 137:1-6. El libro de Lamentaciones llora la ciudad destruida.

Pero hubo también otra voz. Jeremías escribe una carta a los deportados: que edifiquen casas, planten huertos, se casen y tengan hijos, y que procuren la paz de la ciudad a la que fueron llevados, porque el regreso llegará solo al cumplirse setenta años Jeremías 29:4-10. Y la segunda parte de Isaías anuncia consuelo y un nuevo éxodo, a través del desierto, de vuelta a casa.

El regreso

En 539 a.C. Ciro de Persia conquista Babilonia y al año siguiente permite a los judíos volver y reconstruir el templo Esdras 1:1-4. Isaías lo llama «ungido» de Jehová Isaías 45:1. Vuelven algunos, no todos: muchos se quedan en Babilonia, donde se formará una gran comunidad judía. El templo se reconstruye con dificultades y se dedica en 515 a.C.; Esdras y Nehemías reorganizan después la comunidad en torno a la Ley.

En el Nuevo Testamento

Mateo organiza la genealogía de Jesús en tres bloques de catorce generaciones: de Abraham a David, de David a «la deportación a Babilonia», y de ahí a Cristo Mateo 1:11-17. El exilio es un hito de la historia que desemboca en Jesús. Y el lenguaje del destierro se aplica a los cristianos: Pedro escribe «a los expatriados de la dispersión» en Asia Menor 1 Pedro 1:1, y termina su carta mandando saludos desde «Babilonia» 1 Pedro 5:13, que la mayoría de los intérpretes entiende como nombre en clave de Roma.

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